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Un reportaje desde Ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón, acerca de los nuevos globalistas de un país optimista, publicado en el New York Times, describe la forma como Vietnam ha acogido la globalización, en una época marcada por el nacionalismo y las guerras. To Lam, el líder de Vietnam, declarő en abril que la integración internacional era una prioridad nacional. El gobierno ha facilitado la aprobación de visas para extranjeros que vengan a trabajar al país. Se han anunciado planes para impulsar la enseñanza del inglés y de otros idiomas en las escuelas. Se destinan recursos cuantiosos para crear universidades de clase mundial. El gobierno le asigna cerca de 20% del Presupuesto a la educación, más del doble del promedio de gasto público en educación de los países de la Ocde.
La internacionalización del comercio y de la actividad empresarial ha contribuido a la reducción de la pobreza y a fortalecer el convencimiento de que el mundo se beneficia de un movimiento más libre de bienes, de personas y de experticia. Vietnam ha suscrito 17 acuerdos de libre comercio y aspira a suscribir acuerdos adicionales para igualar o superar a Singapur, Corea del Sur y Taiwán. Tal como lo hicieron los denominados Tigres Asiáticos, está buscando formas novedosas de compartir ampliamente la prosperidad.
Las reformas en la agricultura dieron lugar a un auge en el suministro interno de alimentos y a un aumento considerable de las exportaciones agropecuarias. Por lo tanto, la globalización se asocia con la mejoría en el nivel de vida de la población, luego de haber abandonado el esquema anterior de autosuficiencia estatizante.
El ingreso por habitante pasó de US$2.000 a cerca de US$5.000 en la actualidad. El interés por lo que existe allende de sus fronteras no ha debilitado su patriotismo. Una sociedad multiétnica que busca aquello que funciona en otras naciones ha logrado asimilar ideas y costumbres de grandes potencias, sin caer en la subordinación, integrándose al mundo, pero conservando su identidad. Al tiempo que se incrementan los intercambios, se fortalece la confianza. Cincuenta años después de la guerra con Estados Unidos, el país proyecta una imagen de energía extrovertida.
El apoyo generalizado a la globalización es notable, cuando en algunos países desarrollados se observa escepticismo acerca de su conveniencia.
Es posible señalar algunas similitudes con lo que ha sucedido en Medellín, y en Antioquia, después de que sus dirigentes empresariales, liderados por Nicanor Restrepo, descartaron el proteccionismo y optaron por la inserción decidida en la economía internacional. La apertura al mundo ha diversificado y fortalecido el aparato productivo. Están aumentando las exportaciones de bienes y servicios. Empresas antioqueñas se han convertido en multilatinas y están invirtiendo en el exterior. Al mismo tiempo, Medellín está atrayendo capital y talento del exterior. Este dinamismo promueve el empresarismo, genera empleo formal y se traduce en prosperidad.
La reflexión nos lleva a la acción, porque las conversaciones aplazadas y las decisiones difíciles hay que afrontarlas, especialmente aquellas relacionadas con la planeación de la vejez con años de anticipación
El modelo es simple. Viviendas dignas de máximo $100 millones, de 50 metros construidos en lote de 60, con dos alcobas, baño, sala-comedor, cocina y posibilidad de segundo piso. La misma casa que hizo grande a Colombia hace 40 años
En Brasil, el Banco Mundial estimó pérdidas de ingresos laborales por exclusión LGBTI+ de 94.400 millones de reales anuales: 0,8% del PIB. En 2026 señaló que, sin barreras laborales para las mujeres, muchos países podrían producir entre 15% y 20% más