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Analistas 25/11/2021

Realismo Mágico en la Pampa

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

El gobierno del presidente Alberto Fernández sufrió una derrota en las elecciones legislativas del 14 de noviembre. El voto castigo por parte de los electores era predecible. Las razones por el descontento popular son múltiples. Un manejo económico primitivo ha dado lugar a una mezcla de inflación, estancamiento y deterioro de los salarios. La respuesta de las autoridades a la pandemia ha sido contradictoria e inepta.

A falta de acceso a fuentes de financiamiento externo o interno adecuadas, el gobierno está financiando el déficit fiscal con recursos de emisión, lo cual exacerba la inflación y estimula la salida de capitales. El intento por corregir los desequilibrios macroeconómicos con medidas administrativas se traduce en una proliferación de controles de precios, controles de cambios y prohibiciones para importar y para exportar.

En esas condiciones, era de esperarse que el resultado electoral sería adverso al oficialismo. Lo sorprendente ha sido la reacción gubernamental al veredicto de las urnas. En vez de reconocer el retroceso experimentado, el presidente Fernández proclamó victoria e invitó a sus seguidores a celebrarla por medio de una manifestación.

Como afirma Joaquín Morales Solá, en La Nación de Buenos Aires: ‘La del domingo fue la peor elección del peronismo desde 1983. El peronismo perdió en 16 de las 24 provincias. Hay una negación enorme de la realidad por parte del Presidente y un silencio de Cristina Kirchner que es mejor que el triunfalismo del Presidente. Hay una negación de darle a la oposición la victoria’…’El Gobierno perdió la Patagonia y salió tercero en Santa Cruz. Cualquier político sabe leer lo que ha pasado. El Gobierno solo tiene a un tercio de la sociedad.’

La actitud beligerante y despectiva hacia la oposición de Fernández poco contribuye a facilitar la labor gubernamental. Al haber perdido el control del Senado, el gobierno va a tener que llegar a un entendimiento con la oposición para sacar adelante sus iniciativas legislativas. La adopción de un programa de estabilización macroeconómica coherente, requisito indispensable para el manejo de la deuda externa, deberá contar con un consenso político que, por ahora, no existe.

Un tema prioritario es negociar con el Fondo Monetario Internacional el aplazamiento de las amortizaciones de la deuda contraída en años anteriores. La aprobación por parte del Directorio del Fondo de una medida concesional de esta naturaleza requeriría la buena voluntad y el apoyo decidido de los gobiernos de las democracias industrializadas de Norteamérica y Europa. Para ganarse ese apoyo, el gobierno tendrá que modificar algunos de las posturas extremistas de su diplomacia. Cristina Kirchner, quien aspira a imitar el liderazgo ideológico de Fidel Castro y Hugo Chávez, ha promovido una política exterior de alineamiento con los regímenes de Nicolás Maduro y de Daniel Ortega.

El presidente Fernández va a tener que pasar de la retórica combativa a la tarea pedestre de construir consensos para detener el espiral de inflación, devaluación y crisis. A más largo plazo, la Argentina requiere una renovación de sus dirigentes políticos.