Analistas

La batalla de Francia

Las elecciones presidenciales en Francia suscitaron un interés internacional inusitado, por razones que iban más allá de determinar quién sería el próximo ocupante de l’Élysée.  Estaban en juego varios temas de trascendencia. Se estaba decidiendo acerca de la permanencia en la Unión Europea, es decir, de la vigencia del proyecto de construcción institucional iniciado hace sesenta años. En materia de política internacional y de comercio exterior, se estaba definiendo si era preferible actuar como un bloque unido, o como naciones individuales.  También se estaba determinando si las victorias electorales del nacionalismo xenófobo en el Reino Unido y Estados Unidos representaban la norma de las democracias industrializadas, o si deberían entenderse como aberraciones.

El triunfo decisivo del candidato de En Marche, Emmanuel Macron, fue recibido con regocijo en Bruselas y en Berlín, por sus implicaciones para la Unión Europea.  En la opinión pública de las democracias occidentales, ese resultado electoral dio lugar a un suspiro de alivio.  La Casa Blanca y el Kremlin recibieron la noticia con desagrado.  Tanto Donald Trump como Vladimir Putin, por motivos diferentes, estaban a favor de Marine Le Pen, la candidata del partido de extrema derecha, Front Nationale.  Trump simpatizaba con su propuesta de retirar a Francia de la Unión Europea así como su hostilidad hacia el Islam y hacia los inmigrantes.  Un eventual gobierno en Francia con esas características habría sido interpretado como una vindicación del programa que él estaba intentando implementar en Estados Unidos. En vez de disfrutar de la ventaja que tendría, negociando con una Europa fraccionada y débil, Trump va a tener que adaptarse al compromiso de Emmanuel Macron y Angela Merkel de seguir fortaleciendo la Unión Europea.

Vladimir Putin identifica el interés geopolítico ruso con la fragmentación de las democracias occidentales.  Subvertir a la Unión Europea y debilitar a la Otan obedecen a ese objetivo. Así se explica la interferencia cibernética de los servicios secretos rusos durante los procesos electorales en Estados Unidos y en Francia. Para Putin, también habría sido preferible tener a Marine Le Pen como interlocutora.

El resultado electoral en Francia contrasta con la decisión del Brexit en el Reino Unido y la elección de Trump en Estados Unidos. La diferencia radica en que Macron defendió con convicción, sin ambigüedad, los valores de la Ilustración, la democracia liberal y la economía de mercado, frente al embate de los extremos.  En cambio, tanto David Cameron en el Reino Unido, como Hillary Clinton en Estados Unidos, lo hicieron de manera tibia, vacilante y casi vergonzante. Cameron permitió que los nacionalistas radicales y los tabloides conformaran el relato de hostilidad a la Unión Europea. Clinton, a su turno, le permitió a Trump consolidar la narrativa de que los trabajadores americanos eran víctimas de los inmigrantes y del libre comercio.

El presidente Macron tiene ahora el reto de hacer efectivo su programa de renovación institucional. Pero es reconfortante comprobar que Francia haya reafirmado el propósito de seguir siendo una sociedad pluralista, tolerante y abierta.