Analistas 17/07/2020

Volver al futuro

El cambio de las rutinas nos está llevando poco a poco a cambiar nuestra cultura globalizada, dependiente, inmediata y coyuntural por una familiar, íntima, auténtica y trascendente, en la medida en que nuestro entorno es tan grande como lo es nuestra familia, tan extensa como lo permiten los amigos, tan íntima y trascendente como es nuestra espiritualidad.

La resiliencia que exige este encierro es la oportunidad para transformarnos, fomentar el apego a todo lo que es importante, nuestra salud, nuestros sentimientos, el valor de nuestros hijos, el valor de nuestros padres, el valor de cada palabra y cada gesto de amor que recibimos y que damos. Las personas que de niños desarrollaron apegos a sus padres, hermanos, abuelos, amigos no son sujetos de depresiones o de llevar a cabo acciones que atenten contra su vida, como son las adicciones o actividades extremas. Sólo a través de la vivencia permanente, de compartir momentos, de las buenas conversaciones sin prisa y del ejemplo con acciones sencillas, como es el abrazo, el compartir, el reír, el soñar y el llorar juntos, se desarrollan los apegos.

En esta vivencia intensa en familia dónde se comparte, se distribuyen labores, se acuerdan horarios en familia y poco a poco se reconocen talentos y surgen admiraciones por gustos y habilidades especiales en las labores de la colectividad; los errores son aprendizajes que se analizan desde las consecuencias y no desde el juicio de valor de las decisiones, lo que genera líderes de verdad para su vida, ya que siempre hay análisis y sentido común para la búsqueda de soluciones y no de señalamientos de culpa.

En cuanto a nuestras creencias y posiciones que generan divergencias conceptuales y debates con quienes queremos o impactan nuestras vidas, debemos darnos la oportunidad de escuchar y tratar de entender las posiciones de los contradictores, ya que con el exceso de información siempre habrá suficiente datos para insistir en nuestra posición. Ponerse en los zapatos del interlocutor es una buena práctica, pues estamos mal enseñados a que todo el propósito de una discusión sea para tener razón, y donde lamentablemente la información que tenemos ha sido suministrada por quienes quieren hacer noticia, generar escándalos o alinear personas. La buena lectura, los documentales históricos y científicos de fuentes serias nos entretienen y nos dan insumos para mejores análisis.

Los momentos de silencio deben ser el encuentro con la gratitud, con el regalo de la vida y sin pensar en nada fluirá el entendimiento de nuestra razón de ser, de esa verdad de quienes somos nosotros más allá del tener, del desear y del saber. Es la espiritualidad más allá de la creencia religiosa, pero ciertamente la Fé en un ser superior siempre será una guía de actuación, un entendimiento de nuestra vida que trasciende, un bálsamo para sanar dolores y heridas así como una forma de tener esperanza y paz. Oportunidad también para identificar nuestro legado a quienes más queremos pensando cómo queremos ser recordados como personas y la forma de ayudar a quienes más necesitan de nuestras generosidad en acciones, presencia, recursos y oraciones.

Las rutinas y hábitos crean cultura, por lo que son importantes los horarios de acciones que van desde el inicio del día hasta las horas de acostarse, las horas de alimentación, de atender los asuntos de trabajo con limite de tiempo, los momentos de descanso, de leer algo sencillo y agradecer la compañía de alguien para hablar, ver buenos documentales que exalten buenos sentimientos y no exponerse a tanta información de noticias amarillas que solo traen preocupación, rabia y desesperanza. Entre las rutinas, no olvidar enseñar a los hijos a dar las gracias por quienes nos cuidan proveyendo los alimentos, los servicios básicos de agua, energía, recolección de basuras, salud y protección. Para terminar, se debe tener una rutina diaria de ejercicio así sea una caminata o un tutorías de yoga que nos enseña a respirar mejor. Tampoco hay que olvidar las reuniones virtuales con familiares, y las de los amigos del alma para hablar de cosas buenas, divertidas y llenas de buena energía.

Esta experiencia debe ser el inicio de muchas cosas buenas y no el final de nada, la vida nos está dando la oportunidad de desechar lo inútil y poner nuestro escaso tiempo en los sentimientos, personas y propósitos realmente importantes.