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Analistas 30/06/2026

La venta de calzoncillos es un indicador

Pilar Ibáñez
Psicóloga organizacional y conferencista

En economía existen indicadores sofisticados para medir el comportamiento de los mercados, por ejemplo, inflación, tasas de interés, desempleo, confianza del consumidor y crecimiento del PIB. Pero hay otros que, aunque son menos formales y casi curiosos, revelan algo muy interesante sobre la forma en que las personas toman decisiones cuando sienten incertidumbre. Uno de ellos es el llamado “índice de los calzoncillos masculinos en Estados Unidos” o Men’s Underwear Index (MUI).

Esta teoría es atribuida al expresidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien señaló que la ropa interior masculina es una compra básica, pero postergable. Cuando la economía va bien, los hombres renuevan sus calzoncillos con normalidad. Pero cuando sienten presión financiera, miedo al desempleo o incertidumbre sobre el futuro, retrasan esa compra, ya que esta prenda no se ve, no comunica estatus, así que puede esperar.

Ahí está lo interesante: el consumidor no siempre deja de gastar de manera evidente. Muchas veces sigue comprando lo visible, como la ropa para salir, el celular, el café o la cena ocasional. Pero empieza a recortar en lo íntimo, en lo invisible, en aquello que no afecta la imagen pública. La economía, entonces, no solo se mide en cifras, sino que también se refleja en pequeñas renuncias cotidianas.

Este indicador resulta muy interesante porque plantea que cuando disminuye la compra de calzoncillos suele existir un mayor temor. Cuando una persona decide no reemplazar algo básico, no necesariamente está en quiebra, sino que puede estar anticipando una crisis. Es una forma de decir: “Prefiero no gastar porque no sé qué viene”.

Aunque el llamado índice de los calzoncillos masculinos nunca ha sido un indicador económico oficial, durante años ha despertado el interés de economistas y expertos en comportamiento del consumidor por una razón muy simple: las personas suelen aplazar la compra de aquello que nadie ve cuando sienten incertidumbre sobre el futuro. La ropa interior masculina representa uno de esos gastos esenciales, pero fácilmente postergables. Si incluso este tipo de compras comienza a disminuir, puede ser una señal de que los hogares están adoptando una actitud mucho más conservadora frente a sus finanzas.

En las empresas ocurre algo parecido. Antes de una gran crisis, los equipos también empiezan a recortar lo invisible; por ejemplo, dejan de innovar, dejan de pedir ayuda, dejan de proponer y dejan de invertir en conversaciones difíciles. Por fuera todo parece funcionar, pero por dentro se está aplazando lo esencial.

Por eso, el verdadero aprendizaje de este indicador no está en la ropa interior masculina, sino en entender que las crisis suelen anunciarse primero en los comportamientos pequeños. Antes de que caigan los grandes números, cambia la confianza. Antes de que se vea el problema, las personas ya empezaron a ajustar sus decisiones.

Tal vez deberíamos mirar con más atención esos gestos mínimos, porque a veces la economía no grita: susurra.

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