.
Analistas 06/06/2023

La derecha, despierta

Paula García García
Conductora Red+Noticias

De un extremo a otro, sin asomo de pausa alguna, se mueve por estos días el péndulo. La política, caprichosa, se la juega por capitalizar decepciones y sacar frutos del desencanto. Escándalos, pretensiones antidemocráticas y economías estancadas alimentan el desaliento.

En el caso de América Latina, la ‘marea rosa’, que debutó en Venezuela con la elección de Hugo Chávez, parecería desmoronarse. La realidad, siempre cruel, se niega a ser compasiva con discursos rebozados de utopía. Esos que terminan siendo tan poéticos que se vuelven etéreos mientras el respaldo popular, por tradición, impaciente, empieza a decir: ¡basta!

El malestar se propaga e inocultables salen a flote las fracturas. Desde la orilla del socialismo y los ideales progresistas, liderazgos radicales versus aquellos que en algo apuestan a la sensatez, en asuntos sensibles, desnudan serias distancias. Los separan las posturas frente a la dictadura venezolana y el futuro del sector hidrocarburos ―antesala de la tan mentada transición energética―, hasta el talante para asumir derrotas internas y controvertir argumentos opositores.

Ahora, cuando el turno vuelve a ser para las urnas, la derecha, despierta. Primero, lo hizo Chile; nación que tras su recordado grito de hastío, con contundencia, decidió dar la vuelta al elegir a quienes se encargarán de rehacer la Constitución. Al giro, con prontitud, en los comicios locales, se unió España y tras unas cuantas semanas lo hizo Italia. Con Giorgia Meloni a la cabeza, la coalición de derechas se alzó con el triunfo en regiones donde la izquierda superaba tres décadas al mando.

En Colombia, cuando el cambio está por completar su primer año, se percibe el desconcierto. La desaprobación tanto del presidente como de la vicepresidenta coquetea con 60% y 70,7 % de las personas, de acuerdo con la medición de Invamer, considera que el país va por el mal camino. Esto, sin contar con los recientes bombazos de presunta corrupción que se han revelado. A cuatro meses de las elecciones de alcaldes y gobernadores; las estadísticas cobran vida. Predicen. Agitan el panorama.

Pero aún hay más. Al desplome, se suman los jóvenes. Protagonistas en la victoria del actual gobierno, tardaron poco en dar un salto ideológico. De 2021 a 2023, pasaron de un tímido 7% a 23% los que aseguran se identifican con ese polo opuesto que antes rechazaban. Entre tanto, en 6 puntos cae la afinidad de las nuevas generaciones con el centro.

La arrogancia, los personalismos, el afán reformista, la tendencia a imponer y la negativa a concertar, empañaron y prometen seguir empañando las banderas de un proyecto que, al saltar del fulgor de las calles al rigor de las instituciones, dejó al descubierto su inexperiencia. Error tras otro, salidas en falso, rectificaciones y gabinetes intransigentes, han minado la confianza de los pueblos. A excepción de Gabriel Boric, ninguno de sus pares luce dispuesto a convocar y recomponer el camino.

A menudo, el poder obstina y ensordece. Olvida, incluso, que al margen de los nada genuinos pactos interpartidistas, solo efectivos para las convenientes sumas y restas, el sentir de la gente es el que en realidad cuenta. Perder el apoyo ciudadano, en las verdaderas democracias, cuesta. ¿Ejercicio fallido? ¿El mapa se reconfigura? Dos de las muchas preguntas a las que el tiempo dará respuesta.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA