Los jóvenes neoyorquinos decidieron el año pasado que su ciudad necesitaba una dosis adicional de progresismo y, por lo tanto, que era necesario nombrar a un comunista como su nuevo alcalde
Y entonces uno viaja a Medellín y entiende que la cosa podría ser distinta. La llamada “cultura Metro” no es un eslogan: es una conducta observable. La gente hace fila, no raya los vidrios. Las estaciones de hace años siguen impecables