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Le pedí a ChatGPT que me escribiera un resumen muy sucinto de La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, mi libro favorito. Su respuesta: “La rebelión de Atlas es una novela filosófica que plantea que la sociedad moderna depende del talento, la creatividad y la productividad de una minoría de individuos excepcionales -empresarios, ingenieros, inventores-, pero al mismo tiempo los castiga moral y políticamente por tener éxito.
La historia sigue principalmente a Dagny Taggart y Hank Rearden mientras ven cómo el gobierno impone cada vez más controles, regulaciones y redistribución económica que terminan destruyendo los incentivos para producir. El gran misterio del libro es la desaparición gradual de las personas más capaces del país, guiadas por John Galt, quien simboliza la rebelión del individuo creador contra una sociedad que exige sacrificio obligatorio. La tesis central de Ayn Rand es el ‘objetivismo’: la idea de que el interés propio racional, la libertad individual y el capitalismo laissez-faire son moralmente superiores al colectivismo y al altruismo impuesto. Rand argumenta que, cuando una sociedad demoniza el éxito y premia la dependencia, termina colapsando económica y moralmente*”.
Los jóvenes neoyorquinos decidieron el año pasado que su ciudad necesitaba una dosis adicional de progresismo y, por lo tanto, que era necesario nombrar a un comunista como su nuevo alcalde. El flamante alcalde de NYC ganó las elecciones al prometer que los buses y el metro de la ciudad iban a ser gratis y que las rentas de NYC iban a bajar “gracias a la gestión de la alcaldía”. También prometió que iba a construir supermercados donde se venderían víveres a precios extraordinariamente bajos. Prometió todas estas “bellezas” diciendo que todo se iba a financiar cobrándole un impuesto adicional “muy bajo” a los millonarios: solo 2% adicional. ¿Se acuerdan de los 4.000 más ricos de Petro?
Pero el alcalde Mamdani se está dando cuenta de que la subida del impuesto de renta no es tan fácil. Ante esa realidad, el hombre amenazó ahora con bajar el límite del impuesto a la herencia de US$7,6 millones a US$750.000. Virtualmente todas las viviendas de NYC cuestan, por lo menos, US$750.000. Mejor dicho, la clase media tendrá que pagar más impuestos si esta barbaridad de plan fiscal se aprueba. También anunció que iba a buscar cobrar un impuesto adicional a todas las propiedades de los millonarios que no viven en NYC, pero que tienen una segunda vivienda en la ciudad.
Acá los números: según las autoridades tributarias de la ciudad de Nueva York, 1% de los contribuyentes más pudientes paga 43% de todo el impuesto de renta. Este 1% de los contribuyentes es el que Mamdani dice que no paga suficientes impuestos. La otra novedad es que Mamdani se puso “gallito” con Ken Griffin, el presidente ejecutivo de Citadel Securities. Griffin tiene un penthouse en Manhattan que cuesta más de US$238 millones, y Mamdani quiere que el hombre pague un impuesto adicional anual de 4%. Pero Griffin es un tipo que no se deja mangonear y, acto seguido, amenazó con cancelar la construcción de la torre nueva de Citadel en Manhattan, lo que implicaría la pérdida de US$6.000 millones en inversión y de 21.000 trabajos muy bien pagos.
Según la ONG “Unleash Prosperity”, desde 2012 y con información hasta 2023, un estimado de US$2,2 billones en capital privado -7% de todo el PIB anual de EE.UU.- ha abandonado los estados progresistas de la Unión para irse a los estados gobernados por el Partido Republicano. La razón es simple: en Florida, por ejemplo, se celebra que llegue la riqueza y la inversión. En Nueva York, donde vive la inmensa mayoría de los miembros de la comunidad woke y los famosos “therians”, odian el éxito y gobierna la política de la envidia. Mejor dicho, son petristas.
En tiempos dominados por el marketing político, la indignación digital y la superficialidad administrativa, figuras como Germán Vargas Lleras recuerdan una verdad incómoda: gobernar exige carácter
El periodismo no es perfecto. Está hecho por personas. Pero su valor está, precisamente, en su diversidad. En la posibilidad de que existan muchas voces, muchas miradas, muchas formas de contar
Yo creo que muchos colombianos estamos como yo: mamados de los políticos de siempre, viviendo las consecuencias, por demás negativas, de una falta de liderazgo fuerte, coherente y consecuente