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La comunicación, la mejor aliada

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Núria Vilanova

Vivimos en la era de la digitalización y de la interconexión permanente. Una realidad que nos ‘obliga’ a estar presentes y visibles de forma constante, vinculados a nuestro entorno, cada vez más globalizado y relacionado. Y en el caso de las empresas, de mayor exigencia y competencia.

Las empresas tienen hoy el reto de adaptarse a cambios frecuentes si desean sobrevivir y triunfar. Un estudio de McKinsey evidencia este desafío al concluir que en nuestros tiempos la media de vida de las compañías es de apenas 18 años, cuando en 1958 era de 61. Asimismo, desvela que para 2027 el 75% de las empresas que figuran en el S&P 500 desaparecerán.

Estas estadísticas muestran que, en la actualidad, una de las principales herramientas para garantizar la vida de una empresa es la comprensión y adaptación a un mundo hiperconectado y con paredes de cristal de cara al público.

La forma en la que se comunican, tanto las sociedades como las compañías, cambia constante y velozmente. A diferencia de antaño, el público pide saber más sobre el producto y conocer en profundidad la historia, esencia y compromiso de una determinada compañía hacia su entorno y el mundo. Las empresas ya no son simples agentes económicos, son entes sociales y políticos con nuevas responsabilidades sujetas al escrutinio público.

Los ciudadanos esperan que las compañías no solo hagan bien sus productos, sino que ayuden a hacer una mejor sociedad. Antes una empresa aspiraba ser “la mejor del mundo”; hoy tiene que trabajar por ser “la mejor para el mundo”. De hecho, que una compañía sea sostenible y respetuosa con el medio ambiente es uno de los aspectos que más valoran los jóvenes de la generación Z al elegir una marca. Es decir, es lo más valorado por la nueva generación de empleados y consumidores.

Tampoco hay que olvidar que, en esta sociedad de la posverdad, lo emocional muchas veces es capaz de imponerse a los hechos. Por un lado, por la desconfianza de las personas hacia lo establecido y por otro, debido a la rapidez que demandan a la hora de consumir la información.

Es decir, en esta sociedad de la inmediatez y lo emocional, es frecuente que la primera versión de los hechos (cierta a o, muy frecuentemente, incierta) sea la que perdure en el imaginario colectivo. El “quien golpea primero, golpea dos veces” cobra más sentido que nunca en la velocidad del contexto en el que vivimos.

Entendiendo estas variables con las que las empresas deben convivir y luchar día a día, la comunicación se hace más necesaria que nunca para gestionar la confianza. Y es la mejor aliada de las compañías para ganar “legitimidad social” y proximidad con sus públicos.

Las compañías, sin importar tamaño o sector, deben trabajar la comunicación de forma proactiva y transparente, para permitir anticiparse, dar respuesta y ser parte de la solución. Atrás quedaron los días en los que las organizaciones optaban por mantener un perfil bajo y mantenían una estrategia de comunicación reactiva que solo se activaba cuando surgían escenarios desfavorables.

Nuestros tiempos demandan construir y divulgar un relato propio, cercano y verdadero, que forje mejores relaciones con el entorno. Las personas perdonan los errores y las imperfecciones, pero no toleran la falta de transparencia.

Las empresas deben trabajar su reputación a través de la honradez y la proximidad. Y es la comunicación la que nos permite, junto con los hechos, generar credibilidad y confianza. Estar en permanente escucha y con actitud de diálogo es clave.

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