jueves, 28 de mayo de 2020

Más columnas de este autor Nelson Vera - n.vera20@uniandes.edu.co

Durante las últimas semanas ha venido debatiéndose el espacio fiscal de Colombia para hacer frente al desafío histórico del coronavirus. El Gobierno ha venido haciendo correctos esfuerzos de expansión en trasferencias a población vulnerable, garantías crediticias y soporte a las nóminas.

Esas primeras ayudas implicarían aumentos en el déficit fiscal hacia 6,1% del PIB (habilitado por el Comité de Regla Fiscal) y el MHCP ha identificado ya sus fuentes de financiamiento. En este último caso, también luce adecuada la secuencialidad, usando primero ahorros FAE-Fonpet, seguido de desembolsos multilaterales y eventuales opciones de mayores subastas internas-externas (dependiendo de ventana de oportunidad de mercados).

La magnitud del choque requerirá nuevas rondas de estímulo-fiscal, probablemente expandiendo los soportes a la población cuenta propia-informal. Este viraje hacia la heterodoxia fiscal es correcto y probablemente el déficit rondará niveles superiores a 7% del PIB en 2020, llevando el endeudamiento más cerca de 65% del PIB (vs. 52% de 2019). Esas cifras pueden ser un punto de partida para la discusión basada en números y con el consecuente análisis de sus fuentes de financiamiento.

En lo que discrepo es en la persistente extrapolación de supuestos espacios fiscales ilimitados en Colombia, citando el llamado “whatever it takes” de economías desarrolladas. En ese caso, se tiene atenuante clave de tasas de interés en niveles nulos-negativos. Aun allí, no están nada claras las implicaciones del mayor apalancamiento público pos-virus sobre la “robustez” de la recuperación en el mediano plazo (ver Oecd-2020).

La realidad del mundo emergente es de limitaciones fiscales. Bien lo decía el exministro Cárdenas recientemente: en América Latina se hará todo lo que se pueda para contrarrestar los daños económicos del virus…pero ello es muy diferente a negar realidad de que “whatever it takes” no aplica para emergentes (ver The Economist, mayo 22-2020)…En mi opinión, no aplica para Colombia.

Por eso, no considero razonable las comparaciones de estímulo fiscal en Colombia con el 10% del PIB de Estados Unidos… o el 20% de Alemania. Tampoco es comparable con el estímulo de Chile-Perú (6%-7% del PIB), partiendo dichas economías de endeudamientos más cercanos al 25% del PIB. Algunas voces políticas tienen posiciones poco consecuentes, llamando a estímulos de 25% del PIB, pero al mismo tiempo, promoviendo mayores rebajas impositivas (con la mera esperanza de aumentos en el recaudo vía el fallido trickle down economics).

No es que algunos economistas tengamos un fetiche de ortodoxia fiscal. Es que de la estrategia fiscal responsable dependerá la recuperación del próximo quinquenio. Dicho de otra manera, tirar la responsabilidad fiscal por la borda redundaría en menor crecimiento y precaria capacidad para reducir los inevitables saltos que se tendrán en desempleo, pobreza y desigualdad (perjudicando la población vulnerable).

En síntesis, es correcto el viraje hacia mayor heterodoxia fiscal, dado el choque histórico del coronavirus en Colombia. Lo que poco ayuda es taparse los ojos ante realidad de espacio fiscal limitado. Ello no solo requiere la dosificación de dichos recursos (pues estamos en las primeras etapas de crisis), sino pensar, desde ya, en el acuerdo político que permita tramitar una Reforma Tributaria en 2021-22 que incremente el recaudo en al menos dos puntos del PIB.