miércoles, 8 de abril de 2020

Más columnas de este autor Nelson Vera - n.vera20@uniandes.edu.co

Durante el último mes, las economías desarrolladas han venido adoptando políticas fiscales y monetarias de emergencia para hacer frente al histórico choque oferta-demanda del Coronavirus. Ese viraje hacia la heterodoxia en el mundo desarrollado tiene dos atenuantes clave: i) en el frente monetario, ausencia de presiones inflacionarias durante la última década, dado el expediente de Estancamiento Secular; y ii) en el frente fiscal, se tienen niveles de tasas de interés nulos (o negativos), alterando los usuales análisis de sostenibilidad de deuda. Incluso allí, aún no están claras las implicaciones del mayor apalancamiento público-privado pos-virus sobre la “robustez” de la recuperación en el mediano plazo (ver Dudley, 2020).

No luce razonable (ni prudente) la extrapolación directa de esa heterodoxia fiscal-monetaria en el mundo emergente (ver Hausman, 2020 y Rajan, 2020). La mayoría de emergentes derivan sus ingresos de sectores altamente vulnerables al virus (commodities, turismo, remesas, etc.), propinando a sus economías fuertes choques fiscales-externos. El agravante corre por cuenta de marcadas devaluaciones cambiarias, encareciendo su acceso a mercados externos. En otras palabras, justo cuando las economías emergentes deben hacer frente al virus, muchas ven evaporarse su espacio fiscal.

En Colombia, por ahora se ha adoptado un adecuado viraje moderado hacia la heterodoxia monetaria y fiscal (dados los desafíos pre-existentes en los déficits gemelos fiscal-externo). En el primer caso, el Banco de la República (BR) se ha focalizado en la provisión de liquidez. En el segundo caso, luce adecuado el esquema de estímulo fiscal “escalonado”, dado el poco espacio presupuestal. Recordemos que la primera cuota de estímulo por $15 billones (1,3% del PIB) se estará fondeando con ahorros del FAE-Regalías y Fonpet.

El segundo paso debería ser acudir a recursos de multilaterales, dada la doble bondad de financiamiento fiscal y de cuentas externas. Solo el eventual remanente de financiamiento debería obtenerse del mercado, dado su mayor costo en coyuntura de volatilidad. El espacio de estímulo de los próximos años podría estar en el rango de 2%-4% del PIB (en línea con media-emergentes), pero sin espacio para irse a 10%-12% de las economías desarrolladas (ver The Economist, 2020).

Mal haría Colombia en contemplar propuestas contraproducentes como el financiamiento del Gobierno con préstamos del BR o creer que puede financiar paquetes fiscales similares a los del mundo desarrollado (ni hablar del no pago de obligaciones financieras por un año, poniendo en riesgo el puenteo financiero del sector bancario cuando más se necesita). Debemos reconocer que la senda de recuperación de la economía dependerá de la calidad de las políticas públicas que se adopten en la coyuntura actual (ver Clavijo, 2020).

Lo malo es que incluso esa moderada heterodoxia puede ser suficiente para merecernos rebajas en la calificación crediticia a manos de las calificadoras de riesgo (habiendo actuado ya S&P y Fitch). El desafío será la claridad de la estrategia que el Gobierno adopte para señalar cómo honrará las obligaciones adicionales incurridas para sortear esta compleja coyuntura.