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La economía necesita apoyo

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Miguel Ricaurte Economista Jefe de Itaú para la Región Andina

El crecimiento del primer trimestre nos sorprendió a la baja. La actividad estaba mostrando un dinamismo coherente con un crecimiento de casi 4% hasta febrero. Pero las medidas sanitarias, con la declaración de una cuarentena nacional total a mediados de marzo, llevaron a que la economía cayera 2,4% frente al cuarto trimestre del año pasado, el mayor retroceso desde la crisis financiera internacional. Los datos muestran que el choque se intensificó en abril, cuando se registró la mayor caída histórica del empleo, llevando a la tasa de desempleo a casi 20%.

Colombia no está sola en esta coyuntura. El crecimiento del primer trimestre en China, país donde se originó la crisis sanitaria y el primero en cerrar partes de su economía en enero, fue el menor en los registros contemporáneos (-6,8%). En occidente, la Zona Euro vio un marcado retroceso en su actividad (-3,3%), puesto que sus principales socios se vieron en la necesidad de tomar medidas estrictas de cuarentena hacia el mes de marzo. Incluso en EE.UU., país que no adoptó medidas nacionales de distanciamiento, la actividad se moderó drásticamente, creciendo tan sólo 0,3% interanual, con una caída anualizada de 5% entre el último cuarto de 2019 y el primero de este año.

En la región, Argentina, Brasil y Perú registraron retrocesos en su actividad, las últimas dos tras haber crecido al cierre de 2019. Ecuador, país que venía enfrentando una compleja situación económica, habría corrido suerte similar. Mientras tanto, en Chile la actividad mostró un magro desempeño no obstante del esperado rebote tras los eventos sociales del fin del año pasado.

Las señales preliminares -encuestas de perspectivas empresariales y reportes de movilidad - en países que están reabriendo sus economías son alentadoras. Pareciera que lo peor del ajuste ocurrió entre marzo y abril. Las autoridades y expertos sanitarios alertan que al menos mientras no tengamos una vacuna disponible, habrá que mantener algún grado de distanciamiento social, lo que para muchas industrias (como alimentación, hotelería y entretenimiento) implica actividad reducida.

El apoyo de la política monetaria y fiscal es clave para ayudar a empresas y trabajadores a pasar el chaparrón. En Colombia, el Banco de la República ha recortado los tipos de interés en 150 puntos básicos, llevando la tasa referencial a un mínimo histórico de 2,75%. Para potenciar la transmisión de la baja de tasas al mercado, ha implementado medidas de liquidez como la compra de papeles bancarios (para incentivar el otorgamiento de préstamos al sector privado) y el robustecimiento del programa de operaciones de recompra. Se esperan más recortes, pero muy seguramente no vemos tasas cercanas a 0% dados los desbalances externo y fiscal.

Por otro lado, ante la volatilidad del peso, se estableció un programa de venta futura de dólares por unos US$3.000 millones y se renovó la línea de crédito flexible con el FMI, por unos US$10.000 millones.

Mientras tanto, el fisco incrementará el gasto en algo más de 2% del PIB, pero el espacio es también limitado por este lado. El doble choque (pandemia y baja en petróleo) dejará a las finanzas públicas en situación frágil incluso más allá de este año. Y con las calificadoras atentas a la evolución de la deuda pública (con el riesgo de que se pierda el actual grado de inversión), prestarle ayuda a la economía puede resultar complicado en Colombia.

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