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Hace unos días, el Centro de Pensamiento Vida publicó un estudio en el que muestra la forma como el modelo económico de Colombia está cambiando. Parece una obviedad, por los procesos dialécticos frente a los cambios en el mundo, pero deja de serlo cuando se entiende que todavía hay fuerzas que defienden el modelo neoliberal.
En el caso mencionado en el estudio, se muestra un conjunto de políticas diseñadas e implementadas por el gobierno del presidente Gustavo Petro, que han iniciado un proceso de transformación productiva. En lo personal, insisto en que es difícil, coyunturalmente, demostrar impactos consolidados de este cambio. Pero lo cierto es que la decisión política de llevar al país hacia otro estadio de desarrollo es indiscutible.
Ha sido determinante que la política nacional de reindustrialización, transición energética, turismo, cambio climático, educación superior, agroindustria, inteligencia artificial, acceso al agua, reactivación del sistema férreo nacional, sistema nacional del cuidado y economía popular estén alineadas y tengan objetivos claros. Esto ha permitido que se implementen instrumentos como el Cert, además de haber dado trámite a múltiples medidas de defensa comercial para proteger la producción y el empleo nacional.
Los resultados macroeconómicos son ampliamente conocidos y reconocidos. La economía va bien, aunque enfrenta los retos estructurales de un sistema político, legislativo, jurídico y económico diseñados para proteger el rentismo y el extractivismo, siempre -por supuesto- con visos de tecnicidad.
A pesar de estos obstáculos, de una geopolítica convulsionada y de los propios errores u omisiones de un proyecto político que por primera vez en la historia tiene la oportunidad de gobernar, las principales variables han mostrado desempeños positivos. El empleo, la producción, el número de empresas, las cuentas externas y la pobreza dan cuenta de que el cambio de modelo es necesario y está siendo exitoso.
No hay equivocación en el camino transitado y toca seguir recorriéndolo con toda confianza en su trascendencia para un futuro más esperanzador para el país. Es parte del anhelo de ser una potencia mundial de la vida, que cada vez tiene más respaldo de la población.
Es urgente que seamos capaces, como sociedad, de ponerle el cascabel al gato; que seamos capaces de, conjuntamente con el Estado, las ias, las empresas, los gremios, las comunidades y la academia, llegar a acuerdos francos
La industria de pagos en América Latina y el Caribe acelera su transformación hacia 2026, impulsada por la inteligencia artificial, la tokenización, los pagos en tiempo real y el auge de las stablecoins