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Propósitos de una emprendedora para 2018

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El cierre del año es un momento para evaluar nuestras estrategias, su efectividad y planear el camino a seguir para el nuevo ciclo. Como fundadora de un emprendimiento de menos de dos años vivo en un permanente cuestionamiento acerca de mis productos, estrategias y tácticas. Cuando todo lo que hacemos es nuevo no tenemos el beneficio del pasado o el apoyo de un gran equipo para construir la estrategia del futuro.

Decidí entonces hacer una lista de propósitos, los propósitos profesionales para el 2018 que pretendo aplicar en mi naciente empresa, los personales me los reservo (prefiero no tener audiencia pública para aquellos). Además de, por supuesto, las intenciones obvias, como vender más, ganar más (o perder menos según el caso), estoy agregando nuevos como:

Equivocarme más: muchas ideas se pierden en el camino, se quedan en la mesa de dibujo. Hoy me cuestiono si alguna de estas habría marcado una diferencia. Las enseñanzas de cada concepto fallido me llevarán a mejorar mis propuestas. Entonces voy a hacer pruebas, permanentemente, para generar un ciclo virtuoso de aprendizaje.

Ser infiel: es práctica común en los negocios ser leal a los proveedores. Creo que, en esta nueva realidad del siglo XXI, los negocios deben estar centrados en los clientes. Me propongo por lo tanto priorizar los intereses de mis clientes sobre los de mis proveedores. Espero estén alineados, de no ser así me veré obligada a cuestionar relaciones comerciales existentes.

Ser más terca: pregúntenle a cualquiera que me conoce, soy terca, lo sé. Sin embargo, creo que debo ser más insistente en ciertos temas claves en particular el propósito de mi emprendimiento, mis convicciones y visión a largo plazo. El día a día lo distrae a uno a veces y sin darse cuenta se cae en conversaciones netamente comerciales que, aunque son muy importantes, deben ser coherentes con los temas grandes, con lo que importa.

Olvidar el pasado: Hay hábitos muy duros de dejar, nos acostumbramos a un modo de hacer las cosas y no salimos de ahí. Para romper el molde, para hacer propuestas realmente innovadoras quiero mirar el presente con ojos frescos, sin prejuicios ni nociones adquiridas. Muy difícil, hay paradigmas de los que ni siquiera somos conscientes, pero voy a tratar.

Echar el cuento: se puede tener el mejor producto o servicio, pero si nadie lo conoce es como no tener nada. Hay que contar lo que hacemos, mostrarle al mundo nuestra propuesta para saber si es atractiva, si tiene potencial, si es escalable… Encerrada trabajando soy productiva, pero soy yo con yo. Mi propósito es contar en redes, en eventos, en hechos quién soy y lo que hago para que sea el público, y no un tablero en blanco, quien juzgue mis ideas.

Mantener los pies en la tierra: crear es una delicia, la libertad de no tener las restricciones de un marco predefinido. Pero no hay que enloquecerse tampoco, se debe mantener el polo a tierra, entender los números, leerlos y usarlos como herramienta no sólo de control sino de planeación estratégica.

Seis propósitos, creo que con eso me basta. En una empresa joven como la mía las reglas se escriben a diario, y la supervivencia se juega también a diario. Espero entonces cada día tener un pequeño triunfo un bloque para construir un futuro sólido y escalable.

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