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Analistas 25/09/2017

Es tiempo de resaltar la ética y valores

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

Es innegable que sufrimos una crisis de valores, que ya es tiempo de que cada quien reaccione y contribuya a construir una sociedad de respeto por los demás, que haya una mayor participación ciudadana en la defensa del buen ser y proceder, una cruzada por la ética y un reconocimiento al valor moral del ejemplo.

La prensa nacional y las redes sociales están inundadas de noticias de corrupción, de malos manejos, de acciones de mala fe. No es un asunto de ricos o pobres, ni de regiones ni de profesiones, es un virus que se ha expandido por la carencia de valores, por la falta de entereza personal, de carácter para defender lo correcto, de preocupación social, de formación.

Tenemos que ser capaces de oponernos, de resistir e, incluso, de denunciar, porque quien actúa con base a sus convicciones no es un soplón o un sapo, es una persona íntegra, un gestor de confianza, y merece reconocimiento. Aunque, también es cierto, no se debe esperar recompensa alguna por ser honesto, responsable y actuar de buena fe.

El valor moral, cualquiera que sea la religión, las convicciones, los pensamientos, debe conducir nuestros comportamientos, o al menos debemos intentarlo a diario, en cualquier circunstancia, frente a las tentaciones. Tenemos que exaltar la bondad, la generosidad y el respeto como los valores nacionales.

No cabe duda de que la mayoría de los colombianos actúa de manera correcta, más allá del temor a Dios, a la justicia, o a la injusticia, y pese a la pobreza y a la inequidad. Pero hay unos vacíos muy grandes que no hemos podido corregir y que tienen que ver con hacer las cosas bien.

La cultura de la trampa, el dinero fácil, el camino corto, el contrabando, la competencia desleal, la corrupción, la economía subterránea en todas sus formas, son lacras que enferman la estructura social y comprometen el destino de una Nación. Por nuestros hijos debemos aportar el granito de arena que nos corresponde.

Porque nadie puede ser ético a la fuerza, debemos reflexionar sobre nuestra libertad, derechos y deberes. Cada uno medir las consecuencias de sus actos, buscar el beneficio común, mejorar el entorno en todos los ámbitos en los que actuamos, porque solo el ejemplo nos permitirá fortalecer la cadena del relacionamiento colectivo y reducirá la vulnerabilidad ante la corrupción.

La necesidad de la autorregulación ética es imprescindible, sobre todo en la función pública y en el medio empresarial, en las relaciones con los clientes, proveedores y competidores, ya que en estos campos no es suficiente tener leyes adecuadas, hay que nutrir la producción y el trabajo de preceptos claros y procedimientos transparentes, dotar su estructura de parámetros inamovibles, de principios básicos para el funcionamiento interno y su relacionamiento con el exterior.

Hay que identificar un interés que motive las decisiones, más allá de la producción de riqueza, y las acciones de la empresa deben ser propicias para sus trabajadores y beneficiosas para su entorno, debe ser una dinámica constructiva y respetuosa del medioambiente, de los derechos colectivos. Cuando los valores son claros es más sencillo tomar decisiones.

Necesitamos liderazgos en todos los sectores, valores supremos, fuerza espiritual e integridad moral para lograr la Colombia que queremos.

Como dijo Martin Luther King, “siempre es el momento correcto para hacer lo correcto”.

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