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Analistas 28/11/2022

Comienzan las predicciones

María Claudia Lacouture
Exministra de CIT

Por esta época del año los expertos financieros, los analistas económicos, los especialistas sectoriales y hasta los astrólogos lanzan previsiones sobre lo que se viene para la próxima anualidad. En esta oportunidad ya tenemos claro que 2023 llegará con dificultades, con una guerra en Europa que está presionando los precios de la energía y la escasez de alimentos, y con un escenario de reformas en Colombia de consecuencias impredecibles, o predecibles si, según desde donde se observe.

En el camino por recorrer de Colombia, sin duda, tendrán injerencia las coyunturas internacionales, pero también la forma como el Gobierno encause esos cambios que promueve y administre la situación que deja 2022 con alta inflación, fuerte devaluación y más impuestos. Estamos frente a un panorama de grandes retos y el país debe fortalecerse y protegerse para no quedar vulnerable ante las adversidades.

Además, la fuerte y prolongada temporada de lluvias ha causado daños severos en las carreteras y los pronósticos indican que el próximo año se podrá revertir la situación y llegar una sequía que también afectará a toda la cadena productiva por los costos de la energía.

La semana pasada, el ministro de Hacienda, al cierre del Congreso de Infraestructura, anunció una “reforma tributaria regional” de la cual desconocemos sus alcances, y que menciona la búsqueda de una organización, aunque más allá de cada idea nueva, de cada anuncio, es fundamental que haya una coherencia, garantizar la estabilidad, evitar la confusión y que las empresas puedan hacer sus proyecciones con las reglas claras.

La cuestión es cómo se gastarán los recursos de las reformas tributarias porque lo que ha sido tradicional en Colombia -y en el resto de América Latina- es que el gasto es ineficiente, coyuntural, y no resuelve los grandes problemas de la nación, como la infraestructura, la educación y la salud que, además, requieren un consenso mayor sobre políticas de estado de largo plazo para lograr resultados efectivos.

Y para que el crecimiento con bienestar llegue a todos los habitantes se requiere de un tejido empresarial fuerte, eficiente. No hay que ver las facilidades a la empresa como un favor a una élite o a unas personas, sino como combustible para una potencia motriz que se necesita para que la riqueza sea dinámica, expansiva e inclusiva. La empresa reconoce que se necesitan más recursos, está dispuesta a contribuir, por lo que hace un llamado para evitar que el tejido empresarial llegue a un nivel de inviabilidad e insiste en participar en la gestión de las reformas, porque su experiencia y conocimiento serían de altísimo valor en la proyección de políticas que permitan mejorar la salud de sus finanzas.

Si no crece la empresa no crece el empleo, se recauda menos y hay menos inversión. Y si no hay qué redistribuir tampoco habrá recursos para atender las necesidades sociales. Hay que ser muy asertivos para evitar un círculo perverso que destruya el poder adquisitivo de los colombianos, afecte la competitividad nacional, aliente la especulación y altere la estabilidad macroeconómica.

En realidad, Colombia está en un punto donde todo puede ir mejor, puede beneficiarse de la coyuntura internacional que necesita recursos energéticos, materias primas y alimentos, lograr consensos para la estabilidad interna y estimular una dinámica económica adecuada. De cómo será 2023 dependerá de eso.

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