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Camino alterno a la nueva ruta de la seda

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Lo que cada semana queda más claro de la diplomacia comercial estadounidense es que trabaja sin descanso en la actualización de sus intereses y en la defensa de sus productores nacionales.

Y cada vez es más evidente para los latinoamericanos que si no trabajamos de manera rápida y anticipada, llegará el momento en que nos remuevan las fibras más sensibles de nuestras economías sin haber articulado un trabajo proactivo.

Las alertas llegan a diario: la semana pasada fueron las medidas antidumping en contra de Argentina e Indonesia por las importaciones de biodiesel a Estados Unidos, antes fueron los anuncios de nuevos aranceles para el acero y el aluminio -que afectan principalmente a Argentina y Costa Rica-, y más atrás fue el turno para las lavadoras provenientes de México, y así consecutivamente. Los colombianos también tenemos nuestros pendientes.

Lo dijo con meridiana claridad el secretario estadounidense de Comercio, Wilbur Ross: “incluso nuestros amigos más cercanos deben cumplir con las reglas”.

Mi percepción es que, en general, América Latina sigue abrumada por el inesperado y contundente viraje de la diplomacia comercial de EE.UU., como si a la selección nacional de fútbol le hubieran anotado tres goles en cinco minutos. Como en esos casos, lo aconsejable es actuar con prudencia, con estrategia, hacer los cambios necesarios y volver al campo en procura de lograr el mejor resultado posible.

Sin que se trate de crear un frente de resistencia, sino más bien un bloque de búsqueda de soluciones, los latinoamericanos tenemos la tarea de reaccionar con una agenda conjunta propositiva y en ese sentido, la labor del sector privado es muy importante. Al fin y al cabo, detrás de las medidas comerciales estadounidenses están sus empresarios.

La Asociación Americana de Cámaras de Comercio de América Latina y el Caribe (AACCLA), que representa a unas 20.000 empresas de sus respectivos países y a compañías estadounidenses con intereses en esos mercados, se reunió en Miami para reflexionar sobre estos asuntos, conocer experiencias, abrir posibilidades para el intercambio de buenas prácticas y fortalecer la vocería institucional como articulador de un diálogo constructivo y facilitador de los procesos para promover el comercio y la inversión.

Más allá de los acuerdos comerciales -y siempre como sombrilla para proteger la producción doméstica-, los norteamericanos procuran acabar con viejos pendientes binacionales de competencia desleal, propiedad intelectual, salvaguardas y asuntos laborales. Debemos concentrarnos en ello, fortalecer la integración regional y evitar la dispersión en momentos en que China pesca en río revuelto y aumenta su influencia en la región.

Frente a la Nueva Ruta de la Seda, como llama China su iniciativa de construir una red de infraestructuras y de comunicaciones, y crear una plataforma de cooperación económica que incluye Asia, Europa, África y América Latina, los latinoamericanos debemos plantearnos construir un camino alterno, o al menos complementario, que integre nuestros mercados y tenga a EE.UU. como aliado principal.

América Latina está obligada a dar un giro en positivo en las relaciones con su poderoso e influyente socio del norte, retomar e intensificar el diálogo regional, así como recuperar los esfuerzos de integración, en su mayoría estancados por desencuentros políticos, desinterés empresarial o desarticulación institucional.

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