Analistas

La capitalización de Telefónica

La reforma tributaria le dejará al Gobierno $6,1 billones adicionales en recaudo en 2017. Esta reforma será pagada principalmente con el incremento del IVA de 16% a 19%. A pesar de que su impacto es significativo en la vida diaria de los más necesitados, sus proporciones en el gran juego de las cifras es menor.

Por otro lado, la venta de 57,1% de Isagen significó ingresos de similares a los de la reforma tributaria en 2017, $6,48 billones. A nivel municipal, la fusión de UNE con Millicom le generó al municipio de Medellín $1,4 billones y se estima que la venta de la participación de 86% de Bogotá en la ETB puede generar alrededor de $2 billones. Estos negocios tienen la ventaja de cambiar el perfil de riesgo de las inversiones públicas que, en el caso del sector de las telecomunicaciones, están expuestas a cambios en tecnología y a la competencia global.

Los sobrecostos de Reficar, por su lado, fueron, según la Contraloría, más de $17 billones, casi tres años de sufrimiento ocasionado por la reforma tributaria. Lo triste de estos sobrecostos es que no tienen como contrapartida un beneficio más que aquel que recibieron aquellos que participaron en el proyecto, desde los $100.000 millones en bonos pagados por metas no cumplidas, hasta los escandalosos abusos de los contratistas y la falta evidente de control de parte de la junta directiva y los accionistas.

En el 2011, con la oposición de varias compañías del sector, la Nación, de la mano del entonces Ministro de Hacienda y hoy presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, capitalizó a Telefónica Colombia en $3,5 billones para mantener una participación de 32,5% en la fusión de Colombia Telecomunicaciones (la nueva Telecom) y Movistar. Los socios vendieron los beneficios de esta capitalización argumentando que la empresa debería, con esta infusión de dinero, ser capaz de adecuar su rumbo hacia la rentabilidad bajo la batuta de su socio español.

A septiembre de 2016, dados los deficientes resultados de la operadora, su patrimonio era ya de menos $330.000 millones, y sus pérdidas acumuladas de $400.000 millones, similares a las de antes de la capitalización de 2011. En otras palabras, la platica de la capitalización se perdió y de nuevo la operación se ha vuelto inviable, por lo que otra vez se está considerando una capitalización. Así como en el caso de los sobrecostos de Reficar, la capitalización de 2011 no generó beneficios sino puro y duro hueco fiscal, en gran parte porque no se mejoró la operación de la compañía.

Hoy, la administración de Telefónica solicita una nueva capitalización estatal de $1.4 billones, que tiene sentido pese a la complicada situación fiscal del país, solo porque la multinacional española pondría $3 billones para respaldar el pasivo pensional de la antigua Telecom, conjurando así el riesgo de que la Nación tenga que pagar las pensiones si la situación de la operadora no mejora.

Sin embargo, para que no se repita el resultado de la capitalización de 2011, los colombianos tenemos que exigir que, como pre condición para la nueva capitalización, la empresa se maneje ahora sí eficientemente. Hoy en día, el salario de los ejecutivos de Telefónica es casi el doble de los de sus pares en compañías similares y la cultura es abierta al gasto excesivo en rubros no operativos. Y a pesar del equipo de primer nivel que pagan los extraordinarios salarios, está siendo molida a palo en el mercado por competidores como Claro.