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El líder empresarial

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A menudo se citan como ejemplos de líderes empresariales a ejecutivos que manejan compañías exitosas en el mercado. El crecimiento de las ventas, el incremento de sus utilidades, las innovaciones de la empresa, las veces que aparecen en prensa y hasta la calidad y presupuesto de sus departamentos de relaciones públicas terminan siendo los factores considerados para que sean reconocidos y elevados a ídolos de miles de personas que buscan subir en la escala corporativa.

Concursos como el ejecutivo del año y rankings de los mejores ejecutivos del país abundan en la prensa escrita, y para la coronación se celebran importantes eventos con la presencia de la sociedad empresarial. El despliegue de prensa al día siguiente es similar al de un reinado en el que los logros empresariales reemplazan el 90-60-90, muy a pesar de algunos de los citados.

Todo este espectáculo no puede estar más lejos de la realidad con respecto a los verdaderos líderes. Ellos, independientemente de que sean incluidos en estos concursos, prefieren estar a oscuras de la vanidad de los medios, apareciendo exclusivamente cuando es necesario por razones que atañen, no a su orgullo personal, sino a necesidades empresariales en la comunicación con grupos de interés. 

El verdadero líder de una organización comprende que aparecer en las páginas sociales y permitir que se cree una imagen suya preparada por los medios, modulada al tenor de la eterna necesidad de héroes de nuestra sociedad, crea una brecha entre la realidad y su imagen que tarde o temprano le implicará dilemas éticos. Por lo tanto termina tomando una actitud parca en los medios cuando se trata de él y una actitud clara, diáfana y transparente cuando se trata de los mensajes que conciernen a la compañía que dirige.

Un líder auténtico es capaz de llevar una organización a metas grandes y ambiciosas inspirando a su equipo para que logre resultados perdurables y no cuando su posición en el mercado, el entorno o medidas no sostenibles en el largo plazo le permiten figurar con resultados de corto plazo. Siglos de historia de las religiones, filósofos, militares y estadistas, demuestran que la inspiración y alineación de las huestes solo se logra en la medida en que el líder ejerza su labor aplicando principios éticos universales, que citando al profesor Peter Rodríguez de la Universidad de Virginia, se pueden resumir en “buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones”.

Los buenos pensamientos permiten al líder crear por medio de la auto-reflexión un conocimiento propio profundo que va modulando su personalidad hacia la tolerancia y la justicia. Un buen líder, con su conocimiento de sí mismo y su tolerancia y aprecio hacia los demás, logra una coherencia interna que facilita a su organización alinearse detrás de él hacia las metas que propone, y recorrer el camino hacia ellas con buenas palabras y buenas acciones. La gente le cree porque hay consistencia entre su personalidad, sus mensajes y su comportamiento y, las tres son éticamente responsables.

Este tipo de líder consistente, a diferencia del héroe de la prensa, es aquel que lidera desde la sombra la organización que dirige con propósitos altruistas, haciendo del mundo un mundo mejor y de su gente mejores personas. Tras la experiencia que inicié tres años atrás y para no caer en contradicciones al mencionarlos en público, quisiera agradecer anónimamente a los líderes que con su sapiencia y desde la junta directiva me inspiraron en esa dirección.

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