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Divagaciones propias sobre dónde invertir a futuro

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En lo que llevamos del año los precios del petróleo y la tasa de cambio han variado significativamente creando una nueva realidad económica en el país, siendo necesario que se reacomoden los diferentes sectores productivos. El petróleo ha pasado de alrededor de US$100 por barril a alrededor de US$45, una desvalorización aproximada de 55% mientras que el dólar pasó de $1.800 a más de $2.600, equivalente a una devaluación de 40%.

El primer y más importante impacto de estos movimientos está reflejado en el presupuesto de la Nación. Los menores precios del petróleo disminuyen los ingresos en alrededor de US$15.000 millones, sin contar con el impacto de la caída de precios en otros bienes básicos como el carbón y el ferro níquel. En parte el Ministerio de Hacienda ha compensado el efecto al no bajar proporcionalmente el precio de la gasolina, lo cual significa alrededor de $7 billones adicionales de ingresos para la Nación en la forma de un impuesto camuflado.

Los productos colombianos de exportación y los de consumo interno se han vuelto más competitivos con respecto a los denominados en dólares, tanto dentro como fuera del país. Los productos y servicios denominados en pesos valen un 30% menos en esta moneda si su precio se mantiene estable. Sin embargo, el incremento en competitividad en la mayoría de los sectores no es significativo, ya que los países cuyos productos compiten con los colombianos han estado expuestos a devaluaciones similares de sus monedas frente al dólar. Siendo así es poco probable que los productos y servicios nacionales ganen participación en los mercados más significativos.

Estas consecuencias de primer nivel están acompañadas de impactos de segundo nivel significativos. La devaluación ha generado nerviosismo en los inversionistas locales y extranjeros que no solo han disminuido sus flujos de inversión hacia Colombia sino también han incrementado significativamente la repatriación de capitales. Es así como las inversiones de portafolio se han visto afectadas, impactando negativamente las cotizaciones de las empresas en las bolsas colombianas. 

Dentro de los efectos a prever que aún no se han capitalizado debería estar también la disminución de los precios de otros activos que se impactan por el desbalance de oferta y demanda. Si bien Colombia sigue siendo un país mayoritariamente de propietarios, varias ciudades del país comenzando por Bogotá, son las que están al frente del listado de las metrópolis con mayor porcentaje de hogares que viven en arriendo en América Latina, según el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esta realidad es un caldo de cultivo que debería contribuir a que los precios de finca raíz se moderen en el futuro, por lo menos los denominados en dólares.

Estas realidades hacen que los destinos de inversión rentables ya no sean tan fáciles de identificar en los próximos años. Dentro de Colombia deberían mantener mejor rentabilidad principalmente las inversiones en empresas que atienden mercados de productos básicos cuyo consumo no debería verse significativamente afectado, tales como alimentos y servicios públicos e, inversiones de sectores cuya tendencia de crecimiento está validada por tendencias internacionales. Lo que no se puede negar es que, a futuro, independientemente del destino de inversión, se requiere más cautela en su selección.

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