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Analistas 28/02/2026

El mundo está sanando

Javier Arenas Romero
Director Harmex S.A.

Hoy tenemos en Iberoamérica una oportunidad histórica y fundamentada para acabar con la amenaza del neosocialismo, o mal llamado progresismo. Podemos revertir décadas de estatismo tras las batallas de rectificación que han ganado países vecinos como Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Honduras, Costa Rica y Panamá, y otros que se preparan para hacerlo, como Brasil, Venezuela, México y Colombia, sin dejar de visualizar en el horizonte a España, nación con la que compartimos raíces, lengua y un legado cultural común que trasciende el océano.

Han sido suficientemente negativos, retrógrados y recesivos los resultados de esa ideología “woke” que ha amenazado a más de 700 millones de personas que hacemos parte de la iberoesfera. Este ciclo entró en un forzoso agotamiento, no por la pestilente ideología de la corrupción, sino por la implacable aritmética de la macroeconomía.

Por desgracia, algunas naciones tardaron décadas en desmontar estructuras de poder enquistadas, pagando el precio en deterioro institucional y más pobreza. Otras, como la nuestra, soportadas en instituciones más robustas, reaccionaron con mayor rapidez al advertir señales de alerta: corrupción, debilitamiento de la seguridad jurídica, desconfianza en los mercados, fuga de capitales y la rápida exposición de redes de corrupción y crimen organizado asentadas en el gobierno.

El discurso seductor de justicia histórica, reivindicación popular, soberanía económica y “paz total” se desplomó ante la evidencia de las cifras. Nunca se preocuparon por diversificar la matriz productiva ni por fortalecer la institucionalidad fiscal; mucho menos por contrarrestar las prácticas oscuras que deterioraron la credibilidad del Ejecutivo.

Las supuestas políticas sociales, financiadas con déficit; el aumento del salario sin soporte real; el desplome de la inversión extranjera y local; y la pérdida de credibilidad, entre otras distorsiones, terminaron generando presiones inflacionarias que actuaron como el impuesto más regresivo, castigando especialmente a quienes menos capacidad tienen de protegerse.

La inflación no estalla de inmediato: desgasta, perfora lentamente, corroe. Y termina haciendo que la promesa de justicia social golpee directamente a los sectores más vulnerables a través de la pérdida de poder adquisitivo.

Estos fracasos sistemáticos de narrativas ideológicas sin resultados tangibles han obligado al electorado a reaccionar, entendiendo que los discursos huecos e inverosímiles no sustituyen el análisis técnico y que los mercados, los inversores y las cuentas públicas no responden a falacias.

La región no necesita más épica ni oradores grandilocuentes. Necesita contabilidades honestas, reglas claras, políticas públicas evaluables y funcionarios competentes, coherentes en su forma de vida y comportamiento. Porque, al final, los discursos movilizan multitudes, pero son los fundamentos macroeconómicos los que ayudan a sostener a las naciones.

Aunque la formulación de soluciones -al menos desde el punto de vista económico- no sea particularmente compleja, el gobierno entrante perderá tiempo y tendrá que desgastarse intensamente para estabilizar el barco antes de pensar en desplegar las velas. Las herencias de los gobiernos de izquierda comparten un denominador común: dejar arrasadas las finanzas públicas, hasta raspar y robarse la olla.

Soplan vientos de cambio. Más allá de preferencias ideológicas, se percibe una transición no solo política, sino también social y cultural, que invita a redefinir prioridades y equilibrar ideales con responsabilidad técnica. El país hoy entiende más que ayer, y se espera que la mayoría no quiera repetir los errores recientes.

Por primera vez tenemos un liderazgo femenino en la disputa presidencial, representando valores que muchos consideran necesarios para transformar la historia. Un partido político unificado, disciplinado y comprometido desde la base busca responder a las necesidades de los colombianos, mientras el entorno regional muestra solidaridad y apoyo.

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