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Se acerca la primera vuelta presidencial. No se trata de una elección cualquiera: nos estamos jugando nuestro futuro como nación.
Por un lado está Cepeda, un candidato que representa el oscurantismo en materia económica, que piensa que el Estado y la revolución agraria son los ejes fundamentales para el desarrollo y la solución de los problemas sociales. Un candidato que, bajo la consigna de “el poder de la verdad”, quiere convencer a los colombianos de que él sí es el verdadero cambio y que representa su segunda etapa, en la que ahora sí se harán las reformas.
Por ello, su programa indica que él encarna una “verdadera revolución ética, social, económica, política y democrática”. Se preocupa por la corrupción, cuando es parte fundamental del gobierno Petro, hundido en un sinnúmero de escándalos; y por la austeridad estatal, cuando aboga por lo contrario: un Estado más activo y grande, que intermedie en la actividad económica y supla necesidades a través de un banco del pueblo y del apoyo a asociaciones público-populares y campesinas.
Por otro lado, están las duplas Abelardo-Restrepo y Paloma-Oviedo. De la Espriella se presenta como un outsider de la política, con más ganas que experiencia, y se posiciona como salvador de la patria, tanto así que su movimiento se denomina “Defensores de la Patria” y su plan de gobierno, “Patria Milagro”. Su posicionamiento político es una mezcla entre Bukele y Milei, con propuestas de seguridad, lucha contra la corrupción y el narcotráfico, legalidad y defensa de la institucionalidad, Estado pequeño, reducción de impuestos, soberanía energética, salud, primacía del sector privado y capitalismo popular, educación y valores familiares y cristianos.
La dupla Paloma-Oviedo representa aún más. Además de tener un sólido programa basado en seguridad, justicia, lucha contra la corrupción, libre mercado, educación, emprendimiento, innovación, Estado austero, cierre de brechas sociales, creación de oportunidades y riqueza para todos, vivienda popular, conectividad, saneamiento básico, medio ambiente y explotación responsable de los recursos no renovables, invitan a no polarizar, a unir, a sumar, a trabajar con la diferencia y a mirar hacia adelante. Su consigna es “sumar para volver a crecer”.
Valencia entiende con claridad que la división nos hace una nación pequeña, atrapada en los odios y la confrontación. Invita a hacer cambios, pero bien hechos, de manera que sean posibles y sostenibles en el tiempo. Entiende que el país lo tiene todo y que son la polarización, la división y el odio los que impiden crecer; por eso propone recuperar el rumbo, cambiando lo que no funciona y fortaleciendo lo que sí.
Paloma, además, es una funcionaria probada, con vasta experiencia en lo público, que cuenta con un equipo amplio y sólido y con un coequipero técnico como Oviedo, que comprende y aborda los problemas con datos y diálogo. Ella encarna valores asociados a la mujer colombiana: compromiso, coherencia, firmeza, fortaleza, liderazgo, conciencia social, capacidad de ejecución, construcción de consensos, sabiduría y orden. Sería la primera mujer presidenta que, además de tener las condiciones y el programa correctos, quiere sumar para crecer, mirando hacia adelante y no hacia atrás.
Colombia tiene la tasa de impuesto de renta corporativo más alta de la Ocde: 35%, frente a un promedio del bloque de 23,9%
El desplome del dólar, a ritmos de 8% anual contra las principales monedas (yuan, yen y euro), ha sido el principal disparador para utilizar, una vez más, el oro como refugio global