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Analistas 27/01/2022

¿Se acerca el invierno del bitcoin?

Luis Miguel González
Director de El Economista

En octubre de 2020, cada bitcoin valía US$10.544. En abril de 2021, la estrella de las criptomonedas había llegado hasta los US$62.000 . En siete meses, la inversión en este instrumento produjo rendimientos de 488%, pero no se detuvo ahí. Para noviembre había alcanzado US$68.990 y se decía que llegaría a US$100.000. En el aire estaba la certeza de que el mayor error era perderse la oportunidad de comprar criptomonedas.

El impulso alcista se detuvo en noviembre y desde entonces hemos presenciado una corrección importante, superior al 50%. El 24 de enero cayó por debajo de US$33.000 y el día después al lunes negro hubo un respiro que no calma las dudas: ¿Qué sigue?

El invierno se acerca, nos dicen los cronistas del mercado. En esta frase se nota que conocen Game of Thrones, pero también que tienen presente lo ocurrido a fines de 2017 y principios de 2018, cuando el precio del bitcoin cayó más de 80% y quedó en US$3.100. Ese fue un invierno que duró más de un año para la moneda inventada por un personaje que nadie ha visto, el mitológico Satoshi Nakamoto.

Invierno en el universo de las criptodivisas quiere decir caída brutal del precio y reducción drástica del número de operaciones. Esto no ha ocurrido. El interés de algunos inversionistas sigue ahí, como bien ejemplifica el presidente salvadoreño Nayib Bukele, que esta semana anunció la adquisición de más bitcoins, porque piensa que la caída del precio es una gran oportunidad de inversión. ¿Vendrá un rebote o el invierno? Si tomamos 2018 como referencia, faltarían más descensos para igualar el desplome de 80% vivido en ese año. La siguiente resistencia se encuentra en los US$30.000 y de ahí en adelante hay varios escalones: US$25.000, 20.000…
2022 no es 2018, cuando hablamos de criptomonedas. El mercado se ha desarrollado mucho, ha crecido cuantitativa y cualitativamente. Cuenta con la participación de muchas instituciones financieras, además de cientos de miles o millones de inversionistas. Las caídas significan muchas cosas, entre ellas son una oportunidad para ordenar algo que creció con la velocidad y las características de un tumor.

El bitcoin y las criptodivisas han dejado de ser una novedad. Ahora hay un mejor conocimiento de las oportunidades y riesgos que representan estas creaciones. De manera acelerada se va desmontando el mito de que se trata de una especie de oro digital, depósito de valor casi seguro en momentos de incertidumbre e inflación. Por su com- portamiento, es una opción para inversionistas que tienen estómago y cartera para soportar movimientos bruscos de valor.

Las criptodivisas se han convertido en una entelequia que vale entre uno y dos billones de dólares. Esto es mucho mayor que el PIB de Grecia, Argentina, Portugal, México o España. Este volumen y la forma en que funcionan implica un riesgo para la estabilidad financiera del mundo, o cuando menos de algunas regiones. Son también un desafío para el Estado y la conducción de la política monetaria. Algo difícil de tolerar para algunos gobiernos. En septiembre, la prohibición de su minería y uso se decretó en China y esta semana en Rusia.

Se espera que Estados Unidos dé a conocer en febrero los lineamientos para lo que será su política de Estado en materia de divisas digitales.
Vendrán días de turbulencias. Quizá el invierno. Nadie sabe si a mediados de 2022 estará en US$12.000 o de regreso en 69.000. Elon Musk puede asumir este riesgo y echarle otra carga de adrenalina a su vida. El Salvador no, tampoco miles de personas que pusieron allí su patrimonio. ¿Qué pasará en el mundo real si estalla la burbuja virtual?

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