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Analistas 18/02/2026

¿Somos occidentales?

El discurso del secretario de Estado, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 ha dado mucho que hablar. Su contenido se centró esencialmente en tres ejes: la competencia estratégica con China, la cohesión transatlántica frente a Rusia y la necesidad de reconstruir la capacidad industrial y militar de Occidente.

Rubio planteó que el orden internacional liberal enfrenta su momento más vulnerable desde el fin de la Guerra Fría. Sostuvo que Estados Unidos y Europa no pueden seguir actuando bajo la premisa de que la interdependencia económica disuade automáticamente la agresión. Según su tesis, la invasión rusa de Ucrania y la creciente asertividad china en el Pacífico demostraron que los regímenes autoritarios están dispuestos a asumir costos económicos con tal de alterar el equilibrio estratégico.

Sin embargo, la parte de la intervención que más polémica ha generado fue cuando habló de los valores occidentales. “Somos parte de una civilización, la occidental. Estamos unidos por vínculos históricos, culturales, espirituales y por los sacrificios que nuestros antepasados hicieron por la civilización común que se nos legó”, dijo. Estas palabras no deberían despelucar a nadie, pero lo hicieron. Hablar de valores occidentales parece que le genera escozor a una parte importante de la intelligentsia woke que no aguanta que se haga referencia a las premisas esenciales de nuestra civilización. Y digo “nuestra” con asertividad. Porque Colombia -y Latinoamérica- forman parte de Occidente.

La definición del concepto la ofreció hace algunos años Georgia Meloni, la primer ministro italiana: “Occidente es el derecho romano, la filosofía griega y la moral cristiana”. O sea, democracia, imperio de la ley, moralidad secular y respeto a la integridad del individuo, entre otras cosas. Todas estas presentes en la nación colombiana desde antes de la República: aristotelismo escolástico durante la Conquista y la Colonia; democracia liberal, separación de poderes, derechos y libertades individuales desde 1810; cristianismo en todas sus versiones, desde los curas mendicantes hasta los independentistas, pasando por Ezequiel Moreno, Nos Bernardo, el cura Builes y acabando con Camilo Torres y la Teología de la Liberación.

Occidentales somos los colombianos, de eso no hay duda. Formamos parte de esta cultura, gústenle o no a algunos. Nuestra lengua, religión, valores, ley y forma de gobierno es occidental. Doscientos años de República lo confirman. Quienes cuestionan esta realidad no aceptan que lo hacen desde los marcos liberales que les permiten la libertad de pensamiento y expresión. Tampoco parecen asimilar que la calidad de vida que tienen -el Estado de bienestar, la abundancia, la capacidad ilimitada de movilidad- es producto de la economía de mercado que tanto les mortifica. Y la diversidad que tanto celebran no es posible sin el Estado de derecho. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, dice la sabiduría popular. Por eso hace bien Rubio en recordarle a Occidente que toda la virtud de que se ufana se puede esfumar si no está dispuesto a defenderla.

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