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Analistas 13/04/2021

USA: armas sin control

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor asociado de la Universidad Eafit

El presidente estadounidense, Joseph Biden, retoma su posición frente al control de armas en el país. Muchos años han pasado sin que se actúe de forma seria frente a un tema que, en palabras del mismo mandatario, se ha convertido en una “pandemia y vergüenza internacional”. Sin embargo, es claro que estos anuncios son apenas el comienzo de un largo debate que se tendrá que dar en el Congreso y que augura una fuerte batalla entre demócratas y republicanos; además de otros actores centrales en la discusión.

Por décadas, el tema de la libre adquisición y posesión de armas en USA ha sido punto de discordia entre militantes de ambos partidos. Pero también ha sido una lucha incesante en la que la Asociación Nacional del Rifle se ha convertido en el gran actor a vencer. Sus intereses se han sobrepuesto, incluso, a la mayoría de los estadounidenses que, tal como se puede constatar en la revisión de las encuestas adelantadas por Reuters, y otros medios locales, estatales y federales, han insistido en controlar de manera más estricta, la posesión de armas de fuego en el país.

Históricamente, los estadounidenses cuentan con el derecho a portar armas, respaldado por su propia constitución. En la Carta Magna se puede leer la Segunda Enmienda, aprobada por el Congreso el 25 de septiembre de 1789, y ratificada el 15 de diciembre de 1791 (las primeras 10 enmiendas forman lo que comúnmente se conoce como Declaración de Derechos o The Bill of Rights).

Esa Segunda Enmienda contiene literalmente esta frase: “A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed” (al ser necesaria una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no será infringido). Tal como se ha escrito y discutido en diversos escenarios, lo que el contenido de esta enmienda puede significar no es tan claro en términos de interpretación y ha sido objeto de innumerables comentarios y discusiones, pero relativamente muy pocas decisiones por parte de la Corte Suprema, frente al tema de la posesión y porte de armas en el país.

Particularmente, con el contenido de este fragmento de la constitución estadounidense, este país, junto con México y Guatemala, resulta ser de los pocos casos en los que el derecho a armarse está contenido explícitamente en sus normas fundamentales. Aunque el tema de la criminalidad y constantes eventos en los que se presentan tiroteos y masacres no debe reducirse exclusivamente al contenido de la enmienda, es claro que, dentro de la causalidad del problema, ésta es una de las razones cardinales.

Ahora el presidente Biden se resolvió a enfrentar el asunto. Con los más recientes eventos en Carolina del Sur, Colorado y Atlanta, se decidió a tratar un tema que desde su campaña para llegar a la Casa Blanca había estado situado en medio del debate político y que se convirtió por años en una cuestión que ningún tomador de decisiones estadounidense ha querido asumir con el rigor que debiera hacerse.

Así, la semana anterior se pronunció directamente, no solo adoptando medidas sino también instando a la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos para que socialice toda la información posible sobre transacciones en las que un arma de fuego está involucrada. Con ello, su aspiración es que se facilite a gobiernos estatales, la adopción de medidas y leyes que identifiquen con total certeza a quiénes poseen un arma y el nivel de riesgo para que esos tenedores se tornen en asesinos.

Valga anotar que, por lo menos, este paso inicial es muestra del compromiso de un gobierno con su gente. Ese cáncer del porte de armas al interior de la sociedad estadounidense debe tratarse con la seriedad que amerita, incluso, si hay que enfrentarse con los agresivos productores y vendedores de armas, como tendrá que hacerlo.