El mayor problema, sin embargo, es la actitud de élites públicas y privadas: hay resignación con un presente mediocre y escasa disposición
Cuando a la cultura se le convierte en instrumento, batalla y recurso de hegemonía, la comunidad civil y política camina al borde del abismo
Las paredes dejan de sentirse seguras, los objetos caen, el ruido lo invade todo y aquello que creíamos permanente nos recuerda, de una manera dolorosa, que nada está completamente bajo nuestro control