martes, 28 de enero de 2020

Más columnas de este autor Luis Felipe Gómez Restrepo - rector@javerianacali.edu.co

El 4% de la nómina que los empresarios deben pagar a las cajas de compensación familiar está nuevamente en el centro de la discusión. Siempre que se piensa en reducir los costos a la generación de empleo en el país, aparecen los “impuestos” a la nómina como los primeros candidatos a pasar a la guillotina. Una de esas cargas adicionales es el pago que hacen las empresas por la afiliación de los trabajadores a las cajas de compensación familiar. Por ello, ciertos centros de pensamiento están proponiendo la desaparición de las cajas.

Las cajas de compensación tienen muchos servicios para los afiliados, uno de los centrales es el subsidio familiar monetario, pues es una forma de redistribución del ingreso en los empleados de menor salario, pues tiene un límite de ingreso familiar para poder acceder al subsidio y oscila entre $30.000 y $40.000 por hijo. Igualmente, tienen subsidios para vivienda, capacitaciones, recreación y el seguro de desempleo.

Algunas de ellas han desarrollado importantes inversiones en el área comercial, en salud y en educación. No siempre exentas de críticas por competencia inequitativa con los empresarios. La superintendencia de subsidio familiar ha tenido que controlar muchas de las inversiones para mantener el foco de las cajas en su misión fundamental. Y en un estudio hecho hace algunos años, el nivel de satisfacción de los empleados sobre sus cajas no era el mayor. “El nivel general de satisfacción frente a los beneficios y servicios de las cajas de compensación familiar, es bajo (65%) frente a los índices de satisfacción estándar, superiores a 80%” (…) Finalmente, la satisfacción en términos de la valoración de la compensación es débilmente percibida, pues los afiliados no perciben claramente que su caja de compensación familiar incida significativamente en el mejoramiento de sus condiciones de calidad de vida”, señala el estudio denominado: “Encuesta de percepción de los trabajadores sobre los servicios prestados por las cajas de compensación familiar” del Ministerio de Trabajo. Hay campo grande para mejorar.

Si bien las propuestas de eliminar el aporte de los empresarios a las cajas han sido duramente rechazadas por líderes de opinión y congresistas, sí ha dejado de nuevo la lupa sobre el desempeño e impacto de éstas. El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, expresó esta semana en un tweet: “Las cajas de compensación familiar son ejemplo mundial, no entendemos ni compartimos la idea de que las mismas sean eliminadas o debilitadas. Puede haber espacio para optimizar el uso de recursos aportados por las empresas que deben ser invertidos en beneficio de todos”.

Lo que sí es una realidad, es que las cajas y sus directivas, están obligados a salir de la zona de confort que hoy les proporciona la ley, al asegurarles un ingreso sin tener que concurrir al mercado. Esto debe verse reflejado en mejorar los servicios, transparencia en el manejo de los recursos, rendir cuentas frente a la sociedad y demostrar el valor agregado que dan a los trabajadores y a la sociedad. El presidente Iván Duque ya terció, y dijo que su gobierno no respaldará propuestas que las debiliten o eliminen.

El panorama refleja un importante apoyo a las cajas. Pero éstas deben preguntarse por los niveles de impacto social y de redistribución del ingreso. Qué bueno que no sean solamente encuestas de percepción, sino estudios de impacto los que muestren los caminos de mejora. Los estudios de impacto tienen metodologías estrictas que dan información relevante y pertinente. No podemos dejar la toma de decisiones a meras percepciones, menos a posiciones ideológicas neoliberales y mucho menos a discursos populistas oportunistas. Colombia debe acostumbrarse a discusiones de política pública basadas en hechos, datos y estudios serios. Para ello, el Ministerio del Trabajo debe modernizarse y lo mismo la Superintendencia de Subsidio. Por lo pronto las cajas a mejorar.