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Analistas 15/04/2026

El pequeño comisario

“Ustedes tienen el derecho a opinar lo que quieran y yo tengo el derecho a fusilarlos”, decía Lenin. Ese era el alcance de la libertad de expresión en el paraíso bolchevique. Guardadas las proporciones metafóricas, ese parece que también es el alcance de la libertad de expresión en la Colombia actual.

Los progres biempensantes, los mismos que desde los privilegios pontifican la nueva moralidad identitaria, esos son los nuevos comisarios. Tienen piel de cristal. Se delican con un chiste y se descuajan cuando perciben la más mínima desavenencia a su dogma políticamente correcto. Cualquiera que hiera su frágil sensibilidad será un candidato, no para un tiro en la nuca, sino para su equivalente posmoderno: el ostracismo de la cancelación.

Hay algunos pichones del oficio que aprovechan insignificantes pifias para armar un taller. La metodología del ataque suele ser en contra de la persona. Ad hominem le llaman los expertos a esta falacia argumentativa. No es contra las ideas que profiere el individuo, es contra lo que es o lo que significa. Entrar a debatir las ideas requiere esfuerzo. Es más fácil criticar un percibido error gramatical o un factoide histórico que meterse de lleno a mirar los méritos de un argumento.

Parte de la pereza intelectual que los caracteriza implica ignorar sus propias contradicciones. Recientemente, a este columnista se le criticó la inclusión y luego exclusión de una frase donde hacía una comparación hiperbólica -como ha sido el talante de estos textos desde sus inicios- en una nota de opinión donde se refería al candidato Iván Cepeda como el “Pol Pot del Parkway”. Para alguien con una pizca de ironía es obvio que no se trata de una acusación, pero la potencialidad de una malinterpretación llevó a la decisión editorial de retirar la frase. Esto no le bastó al pequeño comisario inspector: malo porque se bota y malo porque no.

El berrinche por el episodio no escondió que el propósito final era cancelar al medio que había hecho la publicación, en este caso La Silla Vacía. Todo parece indicar que a los lambones del cepedismo la prensa independiente y seria les incomoda. Sin duda, se sentirían más cómodos leyendo Pravda.

De todas formas, la hipocresía del ejercicio es algo que les quedará untada en las manos. Como la caca de perro. No deja de ser obvio que el exceso retórico que vivimos en estos tiempos de agitación política lo inauguró el presidente de la República. La tormenta en el vaso de agua que el pequeño comisario armó porque a su favorito, el candidato del nefasto continuismo, se le comparó con un matón marxista -los cuales, además, no faltan; bien se hubiera podido comparar con Stalin, Trotski o Mao- poco tiene que decir cuando el presidente de todos los colombianos afirma que los opositores somos “nazis” o que los empresarios son “esclavistas”.

El mismo día en que publicó la diatriba contra este columnista circuló en redes sociales una foto del candidato Cepeda en el congreso del Partido Comunista Colombiano, donde endosaban su candidatura. Atrás había una foto en gran formato de Tirofijo sonriendo y eso no pareció incomodarles.

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