En el afán de lograr una redacción impecable, hemos permitido que desaparezcan el refrán oportuno o esa riqueza del parlache o el lunfardo que le otorgaba identidad y territorio a nuestras ideas
La pregunta a hacernos hoy no es: “¿Por qué no estamos haciendo eso ya?”. La pregunta correcta es: “¿Qué condición mínima de ese caso sí podemos empezar a construir nosotros ahora?”
Un mundo en el que, además, el Estado y sus entidades de inspección, vigilancia y control parecen entender el problema cuando las quejas se acumulan por miles o cientos de miles, lo que deriva siempre en un actuar tardío, complaciente e ineficiente