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Analistas 05/05/2025

La emboscada

Lewis Acuña
Periodista

La zona era perfecta para ser emboscados. Los 14 militares lo sabían. Pero las órdenes fueron claras: debían atravesarla. En ese patrullaje eran vulnerables. La duda no era sobre si serían atacados, sino cuándo. En qué punto. Es una historia real.

El comandante del pelotón iría en segundo lugar de la fila en la que llegarían a cumplir una cita incierta, de la que quizá no saldrían todos o tal vez ninguno. Un terreno difícil, empantanado. Un bosque con las suficientes sombras y matorrales para camuflar el destino trágico. La formación estaría encabezada por el hombre con mayor experiencia en mapas y brújulas. Con los ojos y los oídos más agudos, pero la dirección, estaba en manos del comandante, por ser quien debía comunicarles a todos el camino a seguir.

Ante la emboscada, la comunicación de las órdenes sería trascendental. Adelante es adelante, a la derecha es a la derecha, retirarse es retirarse. Punto. Cualquier desviación no sería solo un acto de suicidio, era permitir una masacre. Absolutamente todo el equipo, hasta el último hombre en la retaguardia de la formación era fundamental y debía tener claridad sobre las decisiones para actuar. No es que fueran consultados sobre qué hacer, sino que no dudarían de lo que tendrían que hacer en esa situación caótica, aterradora.

-¡Emboscada!- se escuchó milésimas de segundo antes de la primera ráfaga de fusil. Un M16. Para esos oídos expertos y sensibles de quienes combaten contra la muerte con frecuencia, justo después de apretar el gatillo y antes de que el percutor accione el disparo, hay un clic delator, un salvavidas. La emboscada había llegado desde lo alto de un matorral. Todos los hombres al suelo. Respondiendo fuego con fuego. Las granadas explotaban con tanta cercanía que aturdían. Todos recargaban y se defendían con la esperanza de una instrucción salvadora: retirarse o morir. El comandante tuvo una mejor idea.

Con coraje se arrastró y, tras la sombras cercanas, rodeó a los atacantes para eliminarlos por la espalda. Eran siete. Un héroe. Eso pensó. Salvó a su pelotón. Todo había terminado… pero -¡Usted es un maldito imbécil!- fue lo que escuchó. -Dejó a su pelotón tirado en la zona de exterminio-, fue el reclamo. Era un entrenamiento y falló. Balas de salva, granadas aturdidoras. Un equipo a la deriva. -No teníamos ni idea a dónde iba. Con respeto, su trabajo era sacarnos de la zona de muerte. Comunicar su intención para que todos pudiéramos movernos juntos y sobrevivir. Falló- Le dijo un subalterno.

Un líder exitoso sabe que si desea que todos en la organización se muevan como uno solo, debe asegurarse de que hasta el empleado de nivel más bajo comprenda su intención y siga sus instrucciones. Comunicación. Uno de los 18 principios claves para ser “un líder grandioso” expuestos en “La sabiduría de la rana”, escrito por William H. McRaven, el comandante que lo comprendió al abandonar a su pelotón en la zona de exterminio.

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