.
Analistas 21/08/2021

Mujeres sin educación, ni empleo

Según los indicadores del mercado laboral colombiano entregados por el Dane con corte a junio de 2021, la proporción de mujeres jóvenes que ni estudia, ni trabaja duplica la de los hombres, lo que evidencia una problemática histórica de cierre de brechas de género que, pese a los avances en materia de discurso, no logra materializarse en términos de realidades. En este sentido, para junio de 2001 las mujeres desempleadas eran 759.000, esta misma cifra puesta en términos de 2021 es de 855.000, caso similar con las mujeres que ni estudiaban ni trabajaban para 2007 eran 2.055.000 mientras que para 2021 son 2.242.000.

Estas cifras reflejan problemas estructurales tanto de acceso como de calidad de oportunidades para los 12.484.000 jóvenes entre los 14 y los 28 años que tiene Colombia y, en especial para las mujeres (6.180.000), de las cuales 2.242.000 ni estudian, ni trabajan, mientras que, en el caso de los hombres (6.304.000), 1.159.000 tampoco realizan ninguna de estas dos actividades. Es decir, que el país cuenta con una penosa realidad de 3.401.000 jóvenes denominados Nini (que ni estudian, ni trabajan).

Esta brecha se mantiene al revisar otras cifras como la tasa de desempleo en donde la de los hombres es 18,5% y las mujeres es 29,9%. Caso similar con la tasa de ocupación de los hombres de 50,6%, mientras que en el caso de las mujeres llega tan solo a 32,4%. Si mantenemos este indicador, pero llevamos la medición a centros poblados y rurales dispersos la brecha se profundiza pues el porcentaje de ocupación de los hombres se eleva a 60,3% y el de las mujeres cae a 24,7%, al tiempo que el desempleo de los hombres se ubica en 9,1% y la de las mujeres se establece en 24,7%.

El estallido social es el claro reflejo de la situación que enfrentan las familias y fundamentalmente la realidad de quienes la conforman, unos hogares en los cuales 9.425.000 hombres son jefes y 6.144.000 donde la jefatura es asumida por la mujer. Por su parte los jóvenes, en particular las mujeres, enfrentan un mercado laboral en el cual no logran darle la vuelta a lo que vivieron sus padres en términos de brechas y una serie de limitantes para transformar su realidad; en especial, para encontrar oportunidades de educación con pertinencia, conectividad a internet, empleo en plataformas digitales, acceso a capital de riesgo y semilla que les permita desarrollar emprendimientos de autoempleo y de base tecnológica que coloque al país a la vanguardia en la creación de empresas y generación de nuevos empleos.
Las necesidades de transformación económica que requiere el país, sumado a la necesidad de nuevos liderazgos, deben encontrar en el papel de la mujer su aliado. Desde siempre las mujeres han sido ejemplo de tenacidad, transparencia, liderazgo, responsabilidad, sensibilidad social, entre muchas otras cualidades y virtudes que la convierten en un vehículo natural de construcción de país. Es por ello, que resulta lamentable que tenga cerca de 2.242.000 mujeres que ni estudian, ni trabajan y 855.000 desocupadas. Mucho más cuando se conoce, según el estudio de empoderamiento económico de las mujeres del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- que las mujeres administran cerca de US$20 billones de gastos en consumo y representan 64% de las decisiones de este, además las empresas latinoamericanas que cuentan con mujeres en comités ejecutivos presentan una rentabilidad del capital (ROE) 44% superior a la de aquellas que no incluyen.

La agenda de desarrollo debe incluir, entre otras, cuatro estrategias; en primer lugar, una apuesta por el empleo e ingresos de las mujeres, dado el número de mujeres Nini y desocupadas y en el entendido que en el caso particular de las mujeres según estudios los ingresos adicionales por ellas percibidos están asociados a mayor disponibilidad de bienes y servicios básicos como salud, educación, alimentos, entre otros, situación que favorece la reducción de la pobreza; en segundo lugar, promover acceso a cargos públicos y privados dado el acervo de información que comprueba que las empresas con este tipo de liderazgos son más rentables; en tercer lugar, impulsar la formalización laboral y empresarial con incentivos tributarios durante 10 años aprovechando la capacidad emprendedora de mujeres y jóvenes.

En cuarto lugar, establecer fondos de capital de riesgo para la creación de empresas por parte de jóvenes en especial mujeres, pues como se mencionó las cifras evidencian que, de 2001 hasta hoy, no se ha logrado reducir de manera estructural la cifra de mujeres que ni estudian ni trabajan, ni tampoco la de mujeres desocupadas. Para concluir, el país debe entender que la generación de nuevo empleo obedece en gran medida a la dinámica de la actividad económica, la creación de nuevas empresas y a la sostenibilidad de estas en el tiempo. Finalmente, resulta práctico comprender que no se resuelven problemas estructurales con medidas coyunturales como las reencauchadas en los últimos tiempos.