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Analistas 08/10/2021

Los más ricos de toda la historia

Se está volviendo costumbre que toda manifestación termine en enfrentamientos, destrucción de infraestructura, patrimonio o bienes públicos. Confieso que coincido con un número importante de manifestantes en que este país tiene deudas históricas y deberían ser punto de partida hacia una nueva agenda de desarrollo. Sin embargo, entre destruir y construir, no deberían quedar dudas de que nuestra elección tiene que ser la de construir. Pues quiero aprovechar para recordar que, pese a múltiples problemáticas, nuestra generación es la más rica de toda la historia.

Mansa Musa murió en 1337 luego de gobernar por 25 años, hoy, según la revista Forbes sigue siendo uno de los más ricos de toda la historia. Su fortuna calculada a precios de hoy estaría cercana a los US$400.000 millones, es decir, cerca de dos veces la fortuna de los dos hombres más ricos de los tiempos modernos: Jeff Bezos y Elon Musk, propietarios de Amazon y Tesla respectivamente.

Mansa llegó a convertirse en el rey de reyes en 1312, gobernando el imperio de Malí que controlaba el comercio desde el Sahara hasta el Mediterráneo. La riqueza acumulada por Mansa obedeció en gran medida al oro. Al revisar diferentes documentos sobre la historia mundial son muchas las anécdotas que siguen estando vigentes asociadas a las gestas logradas por Mansa: construcción de ciudades, palacios, el impulso al arte y la ciencia entre muchos otros.

La historia de este personaje es especialmente sorprendente, pues pese a seguir siendo el más rico de toda la historia, si nos devolviéramos en el tiempo y apelando para ello diferentes escritos, entre ellos el libro Economía en Colores (el cual recomiendo) de Xavier Sala i Martin, Mansa se embarcó en un viaje a La Meca que le tardó cerca de dos años; si hoy se hiciera el mismo viaje en avión solo tardaría seis horas, Mansa tuvo que dejar de leer a sus 40 años, pues no tenía gafas, su palacio no contaba con energía eléctrica, carecía de baño, nunca fue al estadio, al cine, ni comió hamburguesa; además, nunca tuvo conectividad a internet o un teléfono inteligente que le permitiera comunicarse con amigos, armar listas con su música favorita, estudiar una carrera, vender por comercio electrónico, hacer trabajo en casa o disfrutar de las fotos e historias de sus amigos.

Desde 2016 que conocí a Xavier, en los 50 años de mi alma mater la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula) y luego de leer Economía en Colores llevo cada día conmigo esta historia para automotivarme y recordar lo millonarios que somos las nuevas generaciones al tener todo lo que el hombre más rico de la historia nunca logró tener.

Considero que es el momento oportuno para que las nuevas generaciones reconozcan en la historia y, particularmente en la de Mansa, las infinitas oportunidades con las que hoy contamos, incluso muy superiores a la de nuestros padres. Es increíble que en tan pocos años logramos acceder a tanto conocimiento e información como nunca lo tuvimos. Es una oportunidad única la que tenemos para alinear los medios, entendidos estos como la salud, la educación, el empleo, el emprendimiento, la democracia digital directa y los liderazgos colectivos con los objetivos superiores de paz, regeneratividad, justicia y bienestar.

Particularmente, siento que el país ha logrado avances que hace un par de décadas eran impensados como, por ejemplo, una inversión superior a los 50 billones en vías de cuarta generación (4G), el mayor número de cupos gratuitos en educación superior de la historia y aunque con muchas limitantes acceso a internet. En lo que se refiere a salud (pese a sus dolores) el acceso a la tecnología, la vacunación e información ha permitido a Colombia aumentar la expectativa de vida y lograr una cobertura en salud cercana al 90%.

En materia de empleo es evidente que tenemos serios problemas de acceso a oportunidades, ingreso y formalización, pero aun con esto la tasa de desempleo de largo plazo es muy inferior a la de otras décadas. En cuanto al tejido productivo el país cuenta con un significativo grupo de empresarios comprometidos con el presente de cara al futuro, pero requieren del sector público que impulse la dotación de condiciones básicas en infraestructura, seguridad integral, educación pertinente y una estructura tributaria que favorezca la competitividad.

Finalmente, es crucial que las nuevas generaciones reconozcan que tienen una oportunidad única para transformar realidades en especial en aquellos temas que, pese a los avances, no logran una solución estructural. Para lograrlo las consignas son básicas: en primer lugar, estar del lado de la construcción y no de la destrucción, en segundo lugar, impulsar los liderazgos colectivos, en tercer lugar, superar la dependencia de programas asistenciales del Gobierno y, en cuarto lugar, aprovechar el acceso a tecnología, vías de cuarta generación (4G), el acceso y mejoramiento de los servicios públicos para impulsar la revolución de las E: Educación, Economía, Emprendimiento, Empleo y Equidad.

Es indudable que tenemos múltiples deudas históricas pues mucha población todavía está sumida en la época de Mansa Musa. Pero jóvenes no se equivoquen, ustedes son la generación más rica de toda la historia, son los llamados a liderar la construcción de un mejor país.