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“Sí, acepto”… la libertad

Recientemente, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos le ha dicho “sí” a la libertad religiosa, tras haber fallado a favor de un pastelero quien apeló a sus creencias a la hora de negarse a elaborar un pastel solicitado por un pareja gay para su matrimonio. El caso, en efecto controversial, tuvo inicio en 2012, luego de que la Comisión de Derechos Civiles del estado de Colorado multara al pastelero Jack Phillips por violar el estatuto antidiscriminación en vista de su negativa frente a la solicitud de la pareja, argumentando sus creencias cristianas.

Entonces, el pasado 4 de junio, la Corte Suprema anuló los pronunciamientos y decisiones de la Comisión, y le otorgó prevalencia al derecho constitucional y fundamental al ejercicio libre de la religión del señor Phillips.

El planteamiento mayoritario de la Corte Suprema giró en torno a que al Estado, de ninguna manera le corresponde analizar la legitimidad de las creencias religiosas de quienes las expresan para negarse en la realización de algún tipo de actividad o la prestación de algún tipo de servicio, y que por lo tanto, no existe ni podrá existir ningún deber constitucional o estatutario que obligue a las personas a confinar sus creencias religiosas al ámbito eminentemente privado.

Resulta entonces que este caso nos recuerda el absoluto poder de las libertades personales, su innegable participación e incidencia en el rumbo de la sociedad y la importancia que reviste su análisis a la hora de determinar lo justo en un caso concreto.

Así pasó en el caso planteado, se reconoció la plusvalía de una de las libertades personales, como es en efecto la libertad religiosa, tan atacada y cuestionada recientemente, situación que ha llegado incluso a cohibir cualquier muestra de convicción por un credo u otro, en la medida en que se considera actualmente que ese tipo de demostraciones no son más que fanatismos e idolatrías que retrasan el crecimiento de la sociedad.

Sin embargo, estos recientes sucesos, conllevan a afirmar que una sociedad en la cual no se respeten las libertades personales será en efecto una sociedad mecanizada, condenada al sometimiento a cualquier tipo de dictamen que obligue a sus integrantes a la realización de una u otra actividad en donde de ninguna manera se tenga en cuenta el fuero interno de cada individuo, y que por lo tanto, se reprima su autonomía hasta un punto máximo de supresión.

El pastelero Phillips nos recuerda, que para el progreso, para la diversificación, se debe amar profundamente la libertad, y se debe creer que las convicciones personales son lo suficientemente fuertes para hacerle frente al cumplimiento de cualquier deber o solicitud que se tornen ilegítimos luego de ser contrastados con las propias creencias.

Parece que estos jueces americanos están “haciendo a América grande otra vez”, que sea entonces un ejemplo para que hagamos al mundo grande otra vez, en donde el fuero interno de cada individuo, importe.