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Tribuna Universitaria 09/09/2022

Sin disciplina no hay progreso

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Hace algunos años reunido con un grupo de personas dedicadas a la hotelería tuvimos la oportunidad de conversar con el embajador de Suiza en Colombia antes de un viaje de formación en materia turística. La cena comenzó con un breve recuento sobre el éxito económico de dicho país y las dificultades que sufrieron por los pocos recursos naturales con los que contaban hace muchos años.

La gran conclusión decía el embajador: es que la cultura suiza es exitosa por la disciplina de su gente, las hostiles condiciones naturales hace más de un siglo, los obligaron a trabajar, ser precavidos y volcar a su comunidad en atender a los viajeros. Hoy Suiza tiene el segundo PIB de Europa más alto y 74% de su ingreso son servicios. El llegar allá les costó años de trabajo, pero a pesar de la diversidad de idiomas y de culturas dentro del país lograron ser un ejemplo para el mundo.

Colombia por el contrario tiene un sinfín de recursos naturales, su lugar privilegiado en el mundo lo complementa con una diversidad de climas y de culturas. Toda esta ventaja ha sido desaprovechada durante siglos y es que dentro de las carencias al colombiano especialmente le hace falta disciplina y dejar de convivir con la corrupción.

El desorden y la falta de disciplina se ven reflejadas desde las ramas del poder, no hace falta acudir a las grandes improvisaciones o escándalos, basta ver la falta de puntualidad como un hecho habitual del ejecutivo al cual se deben acostumbrar los demás, solo por el hecho de ser presidente considera tiene el derecho de jugar con el tiempo de otros y lo peor, la sociedad lo aprende a ver como normal.

Por su parte el legislativo solo negocia con el ejecutivo por prebendas burocráticas, de nada sirven las ideas; por esto, matrimonios entre el partido conservador y el gobierno de turno no sorprenden. El desorden también cunde en la vida personal de algunos, no resultan ya extraños los escándalos con licores y hasta drogas, en donde al final no pasa nada y continúan con sus labores legislativas.

El caos en la vida diaria se refleja de manera especial en las calles, el sinnúmero de semáforos da cuenta de la falta de organización en donde si no hay una luz roja es imposible ceder el paso, a ello se le suman los accidentes por la simple imprudencia y el desorden de la ciudadanía en las calles.

Hay un hecho más grave en medio de este desorden: las mojarras de $300.000 y las cervezas de $50.000 que demuestra la falta de empatía con el turista. En vez de formar una cultura de servicio se está formando una cultura de la estafa y aquello termina dañando la gran capacidad natural con la que cuenta el país.

Colombia es un país premiado con una gran cantidad de recursos naturales y destinos turísticos por aprovechar, pero la sociedad y el gobierno deben entender que detalles como la puntualidad, el orden y la disciplina son fundamentales pare crecer como país, sin disciplina no hay progreso y la historia ha demostrado que llegan más lejos los disciplinados que los inteligentes.

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