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Planificar ante la muerte

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Juan Manuel Nieves R.

Hablar sobre la muerte en un país como Colombia puede volverse rutinario, pues no existe noticiero ni periódico que no registre alguna. Esta rutina hace que resulte lejana hasta que ella aparece, en el propio hogar o en el de familias cercanas.

En diciembre y enero murieron amigos cercanos; dicha situación llevó a reflexionar sobre los aspectos importantes de la vida. Charlando al respecto con varios amigos, expresaron su temor a la muerte, pero más al hecho de partir, a dejar a sus familias sin el apoyo económico que ellos represen- tan; los que tenían hijos pequeños, se enfocaron en el futuro de ellos, algún otro en su esposa, pero unánimemente antes del miedo a la muerte, tenían miedo del futuro y la estabilidad de sus seres queridos.

En Colombia la falta de ingreso en alguno de los cónyuges es mayor en las mujeres; el último estudio del Dane señala que 27% de las mujeres no cuentan con un ingreso propio frente a 10% de los hombres y en materia de participación laboral 55% de las mujeres tienen algún tipo de trabajo frente 75% de los hombres. A pesar de los esfuerzos, la inclusión laboral de la mujer es más lenta y aún las amas de casa no son reconocidas como trabajadoras formales. Por lo tanto, son ellas y sus hijos quienes más sufren frente a la eventual muerte de la cabeza del hogar y no son infundados los miedos de quien teme a fallecer sin asegurar un futuro.

Los seguros en Colombia están en plena evolución; un estudio reciente de la Superintendencia de Industria y Comercio señala que 90% de los hogares tiene algún tipo de seguro, un poco más de 70% es seguridad social y 45% seguridad exequial. Los demás seguros, aparte de los obligatorios, son de baja adquisición y realmente no hay cultura de tomar seguros de vida ni de asegurar los bienes inmuebles. La principal barrera para tomar un seguro voluntario es su costo y la falta de confianza en las aseguradoras.

Un seguro puede ser una solución momentánea y práctica, pero sin saber utilizar el dinero, este se acaba. Por ello el jefe de hogar debe socializar las finanzas de la familia y tener una planeación financiera, el cónyuge y sus hijos al crecer deben tener un modelo de sostenimiento, conocer las deudas, los planes y las rentas; velar por asegurar la educación y la salud y, sobre todo: enseñar a trabajar y a manejar el dinero.

Una realidad cruel es que la vida sigue como si nada, el trabajo continúa, los recuerdos de las personas se desvanecen y la vida de cada uno se acomoda a la ausencia hasta que el dolor desaparece. Nunca es muy temprano para arreglar los temas financieros cuando se tiene familia; los recuerdos se vuelven borrosos con el tiempo, pero las obligaciones y las deudas todavía permanecen y como se sabe, la mera pensión en la madurez no basta; por ello hay que prepararse pues bien dice el adagio: la muerte es abstracta hasta que entra en la sala.

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