Analistas 10/09/2020

¿Quebrar la alcancía?

Los números de contagio, muertes y las cifras económicas revelan que América Latina ha sido una de las regiones más afectadas por la pandemia. Durante 2T2020, Perú experimentó la contracción más severa de las registradas hasta el momento con una caída de 30,2%. Le sigue de cerca México con una contracción de 19%. Colombia, por su parte, con un desplome del PIB de 15,5%, no se encuentra muy lejos de este desdichado podio.

Este panorama sombrío ha generado suelo fértil para algunas políticas que generan más preguntas que respuestas. En varios países de la región, los parlamentos han tomado, o estudian, medidas para echarle mano al ahorro pensional, que constituye buena parte del ahorro formal en cada país. El nivel de ahorro formal en América Latina es bajo, no solo por los recurrentes déficits públicos, pocos hábitos de ahorro y un sistema donde buena parte de la riqueza se acumula por fuera de los mercados formales.

El Congreso de Perú aprobó el retiro de 25% del ahorro pensional en abril. En julio, el Parlamento chileno sancionó una propuesta similar con un límite de 10%. Perú ahora estudia la posibilidad de un retiro total para cierto tipo de trabajadores. México, Colombia y Brasil discuten propuestas en la misma línea. Des-ahorrar en momentos de crisis tiene sentido, pero la mitigación del choque resulta efectiva si logra amortiguar la caída de los ingresos de los más afectados, y no compromete la posibilidad de tener una recuperación económica más dinámica.

Este no parece ser el caso de los retiros de las cuentas de ahorro pensional, que no generan la focalización deseada, en un contexto de amplia informalidad laboral. Recordemos, entre otros, que en nuestro país el sistema de ahorro convive con el régimen público -carente de recursos. Adicionalmente, reducir el ahorro doméstico perjudica el financiamiento de las firmas productivas y por lo tanto la inversión y el empleo formal.

Un aumento del gasto público, si bien puede drenar recursos del sector privado, parece ser una mejor opción, no solo porque permite tener una mayor focalización de los recursos, sino porque, en la medida que los gobiernos acceden a recursos externos, no compromete la capacidad de financiamiento del sector privado.

Es prematuro hacer un balance completo de la experiencia en Perú y Chile, pero la evidencia insinúa que el retiro del ahorro pensional ha sido una política poco efectiva. Algunos retiros, sugieren las anécdotas, se han dedicado a compras que poco ayudan a mitigar los efectos de la crisis, como la compra frenética de televisores - similar a la que vimos en nuestro país durante la primera jornada del día sin IVA.

El Banco Central de estos dos países ha inyectado amplia liquidez para evitar que los retiros y la liquidación de activos afecte los mercados financieros. No obstante, es claro que tanto Perú como Chile enfrentarán mayores costos financieros en la recuperación. Con un menor ahorro pensional se reduce la profundidad y liquidez de los mercados financieros y el incentivo a que los inversionistas participen, lo cual aumenta el costo de la deuda pública y del capital de las firmas.

Los inversionistas internacionales están atentos a decisiones similares en otros países. Saben que la discusión técnica puede ser remplazada por argumentos simplistas y populistas, que nos pueden llevar a empeñar el futuro, sin resolver los problemas del presente.