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La ley de Wagner

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La Comisión de Expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria acaba de entregar su primer informe de actividades. Entre los elementos del diagnóstico des-taco los siguientes:

La ley de Wagner es inexorable. La Comisión muestra que el gasto público del sec-tor central pasó de menos del 10% del PIB en 1990 a 19% en el año 2013. Y advierte que en el largo plazo la carga tributaria continuará subiendo, “especialmente para financiar la educación, la salud y las pensiones”. A finales del siglo XIX, el economista Adolph Wagner propuso una hipótesis que se ha ido convirtiendo en “ley”: el gasto público como porcentaje del PIB siempre crece. Ello significa que si el gasto público sube, necesariamente tiene que aumentar la participación de los impuestos en el PIB. Es inevitable que en las sociedades modernas los impuestos suban y que las formas de intervención del Estado se multipliquen. Los costos de la salud, la educación, la ciencia, el medio ambiente, son marginalmente crecientes. Además, la función pública se va haciendo más compleja. Sin mencionarla, la Comisión siente el fantasma de Wagner y, con razón, invita a subir el recaudo, poniendo como parámetro de comparación los países de la Ocde, donde la carga tributaria es, en promedio, de 34,1%.

El sistema tributario colombiano no modifica la distribución del ingreso. La Comisión expresa su preocupación por la falta de progresividad de los impuestos en Colombia. No está de acuerdo con que el 1% más rico tenga el 20% del ingreso. Advierte que el Gini antes y después de impuestos casi no se modifica. La situación de Colombia contrasta con la de países del norte de Europa. En Bélgica, por ejemplo, el Gini antes de impuestos es 0,50. Y después de impuestos es 0.22. Entre las razones que explican la falta de progresividad, la Comisión no menciona la principal: la tarifa del impuesto a la renta no aumenta con el nivel de ingresos.

La ineficiencia del recaudo. En opinión de la Comisión, el recaudo es ineficiente porque va en contra de la competitividad de las empresas. Este análisis es muy débil. El énfasis del análisis se centra en la tributación nominal, pero no se evalúa por sectores la tributación efectiva. Además, en estas discusiones hay dos secuencias que se tienen que considerar de manera explícita. La primera, que subyace al informe de la Comisión, es sencilla: más impuestos, menor utilidad, menos inversión y disminución de la competitividad. La otra, más compleja, no se considera: más impuestos, mejores servicios, mayor productividad, más utilidad y aumento de la inversión y la competitividad.

La relación entre impuestos nacionales y locales. Es positivo que la Comisión introduzca de manera explícita la reflexión sobre los impuestos locales. Se insiste, como en el Plan de Desarrollo, en la necesidad de actualizar los catastros de tal forma que los prediales aumenten. Valdría la pena que se propusiera asociar la tarifa del predial, de manera progresiva, al avalúo catastral, de tal forma que los predios con un menor avalúo paguen prediales bajos (5 por mil, por ejemplo), y los predios que tienen un avalúo alto paguen la tarifa máxima (16 por mil). En el diagnóstico de los impuestos locales faltaría examinar la forma como éstos interactúan con los impuestos nacionales, y la necesidad de que las ciudades grandes y medianas obtengan recursos de otras fuentes relacionadas con las dinámicas del suelo y del urbanismo.

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