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La última reunión televisada de ministros del martes dejó varias reflexiones delicadas. Las sesiones se vuelven pesadas y densas, con un hábito de poca presentación y es que la mayoría de los subalternos asienten a todo lo que dice su jefe, sin importar si se está equivocando en sus aseveraciones o teorías. Hay unos que hemos visto que ni se les conoce la voz. Simplemente son ponchados en pantalla como si fueran de palo. Extras de una obra de teatro que se vuelve monólogo infinito de un maestro de ceremonias que contesta lo que él mismo se está preguntando. Pocos se atreven a disentir, argumentar o siquiera cuestionar.
La ministra de Vivienda, Ciudad y Territorio, Helga María Rivas Ardila, discutió con el presidente Gustavo Petro durante la reunión sobre el bajo presupuesto actual asignado a su cartera y especialmente lo que les fue aprobado para 2026 con una reducción significativa. En una frase lapidaria le demostró a su jefe la inmensa contradicción al aprobar más dinero para compra de aviones, de lo que ella denominó “guerra”, que para acueductos y la gran promesa de campaña que sigue sin cumplirse. Luego defendió a su viceministro que acababa de ser despedido en vivo y en directo, sin ningún tipo de debido proceso, sin la opción de ir a unos descargos en el área de recursos humanos, es decir, sin derecho a una defensa. Se va hermano y ya, olvidando que este es el Gobierno que insistió en la reforma laboral, supuestamente en defensa de los trabajadores colombianos. El brusco freno a Rivas por parte del mandatario, muestra una vez más que no le importa el maltrato laboral y acoso a sus trabajadores. Rivas claramente iba a seguir argumentando hasta lograr ganar la discusión, pero Petro decidió sacar la carta del abuso de autoridad, ganar la discusión porque si y aplastó a su subalterna en público.
Pensé de manera ingenua que las feministas se iban a pronunciar en respaldo a la ministra, rechazando este tipo de matoneo hacia las mujeres. En otros episodios de relevancia nacional se han pronunciado de forma vehemente. Descubrí tristemente con el paso de los minutos y las horas que el elocuente silencio fue más que los gritos de indignación. Queda demostrado con el caso de Rivas que en este país hay feministas por conveniencia y por ocasión. Si el victimario es de su afinidad política, la indignación no es la misma que si el victimario es alguien que piense distinto políticamente hablando. Esto quiere decir que viven en un mundo asimétrico, expresan su rechazo solo si les conviene políticamente, y cuando es evidente que hay que rechazar actitudes o episodios de alguien afín a su línea editorial se callan en un conveniente silencio que lo único que causa es frustración. Es por este tipo de cosas que el movimiento feminista no ha logrado la mayoría de sus objetivos. Es como si hubiera fragmentación o división dentro de la agrupación de feministas. Un ejemplo rotundo es la despenalización del aborto. Hay muchas provida y otras en favor de la elección. Ponerlas de acuerdo es una tarea inviable. Lástima que las feministas dejan al Presidente matonear mujeres con total impunidad, cuando a otros hombres los masacran en las redes sociales por mucho menos. Un feminismo por conveniencia, un feminismo, pero a veces.
Un dato suelto para demostrar el despilfarro del Gobierno, en la ley de presupuesto de este año, el Ministerio de la Igualdad, cuya creación fue declarada inconstitucional, tiene un presupuesto de $323.000 millones para funcionamiento y ni un solo centavo para inversión