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El único error es no decir nada

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Jorge Hernán Peláez

Megan Markle, la famosa duquesa de Sussex, esposa del príncipe Enrique, se pronunció en un emotivo discurso dirigido a estudiantes de su antiguo instituto en la ciudad de Los Ángeles. Megan les pidió perdón por no haberse manifestado antes respecto a las protestas por la muerte de George Floyd. Por la cantidad de seguidores que tiene la pareja, el discurso se viralizó rápidamente y llegó no solamente al Reino Unido, sino a todas las latitudes. Los mensajes de famosos deportistas, cantantes, actores y otros integrantes de la farándula mundial se han sumado con diferentes expresiones. La humanidad entera está indignada. Hasta el más acérrimo defensor republicano de Donald Trump sabe que algo anda muy mal. La línea de mando tiene contradicciones, tanto así que recientemente el secretario de Defensa, Mark Esper, cuestionó públicamente la amenaza de invocar la Ley de Insurrección de 1807 para contener las manifestaciones contra el racismo y violencia policial.

Creo que todos quedamos consternados al ver un homicidio grabado en video. La escena se desarrolló en menos de 10 minutos y las súplicas de Floyd no fueron consideradas. “No puedo respirar” nos ha dejado a todos sin respiración. La Policía de EE.UU. y las fuerzas del orden del resto del mundo están en la mira. Nosotros tuvimos en las protestas del año pasado el caso infortunado que derivó en la muerte del joven Dylan Cruz. Muchos colombianos han muerto en circunstancias que involucran abusos y exceso de fuerza de algunas autoridades. Son líderes sociales, campesinos, activistas y decenas de personas que no se registran con tanto bombo en medios. El impacto visual del vídeo y el morbo natural de algunos, hace que unos casos sean sonados mientras otros son olvidados.

Morir de esa manera está mal. No hay mayor discusión alrededor del tema. Los policías van a ser condenados y el jurado buscará una pena ejemplarizante. El dolor de la familia permanecerá para siempre. La indignación colectiva que se desató tiene muchas variables a considerar. Hay infiltrados en las protestas. Hay vándalos que aprovechan el río revuelto para hacer de las suyas. Eso es común, aunque siempre corresponden a minorías organizadas. Hay desempleo y hambre. Se observan personas en las protestas robando tiendas de celulares o de ropa deportiva. Hay miles que protestan de manera legítima por simple convencimiento. Hay quienes lo hacen únicamente de manera digital y en redes sociales publican mensajes y comparten su dolor por la red.

Nunca pensé ver tanta gente, por tantos días seguidos, en protestas por todo EE.UU. Nunca pensé ver gente que no le tiene miedo a la policía gringa. El movimiento de indignación no va a parar y podría ser el punto de inflexión que cambie los números de las siguientes elecciones. Hace meses los analistas del mercado financiero y los expertos en política decían que la reelección de Trump estaba más que garantizada. Hoy con el nivel de desempleo, el coronavirus, las protestas y la muerte de George Floyd el panorama se enredó. El Partido Demócrata tiene un escenario amplio en el que debe buscar rápidamente un discurso para capturar esa indignación y capitalizar los errores acumulados de Trump. Los ciudadanos de todo el mundo debemos aprovechar el tema y seguir educando a nuestros hijos con los valores y conceptos fundamentales para que nunca se vuelva “normal” matar a alguien. Quedarse callado no es una opción. El único error es no decir nada.

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