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El muro del Gran Hermano

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Dos importantes obras marcaron la música y la literatura durante los 80 en el Siglo XX. La emblemática banda británica Pink Floyd, liderada en esa época por el guitarrista Roger Waters, sorprendió a la industria con el álbum “The Wall” grabado en 1979, y que consiguió vender 33 millones de copias (Ver portada 1). La obra musical y teatral fue llevada al cine en 1982 por el director inglés Alan Parker (Ver Filme 2). El suceso de la película y el álbum llevaron a que posteriormente los aficionados asistieran masivamente a lo que se convirtió en una serie de giras por decenas de ciudades en todo el planeta. De tanto impacto fue la obra, que cuando Alemania decide derribar en 1989 el Muro de Berlín, se realizaron múltiples conciertos de Pink Floyd en todo el país, con participación de los músicos derrumbando muros simbólicos que se construían mientras avanzaba el show (ver Concierto 3).

George Orwell, británico también, escribió su novela “1984” a finales de la década de los 50, justo cuando la humanidad se estaba recuperando de las secuelas de la II Guerra Mundial (ver 1984 4). Orwell recreó un personaje ficticio llamado el “Gran Hermano” que tenía el poder y control sobre los ciudadanos. La televisión de cada hogar era el vehículo de masificación de sus mensajes.  Dirigida por Michael Radford, en el año calendario 1984 se grabó y se publicó la película que también fue un éxito (ver 1984 5). La televisión años después adoptó el nombre de “Gran Hermano” para un reality justamente con algunos ingredientes de la novela, utilizando a Big Brother para eliminar participantes.

Desde la campaña y ahora que se posesionó como presidente de EEUU, es inevitable observar en carne y hueso fragmentos de ambas obras en el mandatario. El muro que ha anunciado y firmado para imponer en la frontera con México es una analogía al que Waters describió en su álbum que se construyó para aislar a su personaje “Pink” de la sociedad. Cada uno de los traumas es un ladrillo. México está sufriendo su propio “Pink” en vida real, especialmente con la inminente amenaza de que entre todos van a tener que subsidiar el costo del muro. Más allá de la problemática de inmigración, es un símbolo de Trump para hacerle ver al mundo que está dispuesto a cumplir las locuras que prometió en campaña a toda costa.  

Los primeros días como presidente en ejercicio de Donald J. Trump, han sido todo un reality de televisión para Estados Unidos y el mundo. En su exitoso programa “El Aprendiz” los televidentes e diferentes latitudes se acostumbraron a la dura personalidad y comentarios hirientes. En televisión, especialmente en los realities siempre funciona a nivel de rating ese tipo de perfil. Simon Cowell en Factor X, por ejemplo, entiende perfectamente lo emocional de su libreto y los odios y amores que despierta en la audiencia. Todo al final es rating. Es la variable que manda en ese modelo de negocio. Trump lo sabe y sus primeros anuncios han sido meticulosamente estudiados para volverlos titulares de prensa. El show comenzó y tendremos una versión aumentada de lo que fue la presidencia de Reagan, quien venía de ser un actor de Hollywood. El público está furioso, indignado, pero no puede dejar de seguir los trinos, anuncios, entrevistas y comentarios de Trump. Es un producto que ya superó sus propias expectativas y él considera que de aquí en adelante no tiene nada que perder.

No lleva un mes en el cargo y los ingredientes de la temporada televisiva ya incluyen la marcha de mujeres que se oponen, inmigrantes matoneados, la firma de la construcción del muro, la salida abrupta del Tratado del Pacífico TPP, la reforma migratoria y el desplante de ayer al presidente de México Enrique Peña Nieto. Veremos cómo se enfrenta a Rusia, China y el bloque de los europeos, pero tristemente la humanidad deberá convivir ahora con este reality, no sólo en televisión sino en la vida real, con alguien que sabe generar rating: El Gran Hermano con su Muro.