Analistas

Empresas y desarrollo económico

Es mucho lo que puede debatirse sobre las empresas. Que si grandes, medianas o pequeñas, nacionales o transnacionales, anónimas o de familia, privadas o públicas o todas las anteriores y compartiendo con otras formas de crear riqueza, etc. Pero lo que sí no debería hacerse es poner en duda su existencia.

En el feudalismo europeo, las unidades productivas fueron de poca monta, con mano de obra familiar o de algún aprendiz, y el uso exclusivo -salvo las excepciones de los molinos de agua y viento- de fuerza motriz humana o animal. Producción a pequeña escala para mercados pequeños y herramientas escasas y elementales, dentro de la lenta evolución técnica de esas sociedades.

Pero en algún momento apareció el capital en su acepción moderna. Los comerciantes, que se enriquecieron por comprarles barato a los artesanos y vender con fuertes ganancias, se convirtieron en industriales al contratar a numerosos trabajadores a los que dotaron de las materias primas y las variadas herramientas necesarias para producir a escalas mayores. Y con el surgimiento de la máquina de vapor se duplicó la fuerza motriz, aparecieron las máquinas herramientas y se pasó de la manufactura a la industria, en el sentido estricto de los términos, con lo que las empresas atendieron mercados enormes y el capital se acumuló a ritmos sin precedentes. Estos cambios, más la revolución técnico-científica, aumentaron la productividad del trabajo, la base de todo progreso.

Lo lamentable de esta historia en Colombia es que siempre se ha actuado en contra de sus enseñanzas, condenándola a un capitalismo de bajísima producción y productividad -escasos US$5.800 de producto per cápita-, capaz de despoblar las zonas rurales pero no porque se produzca mucho sino porque se produce poco y con unas ciudades tan atrasadas empresarialmente -como el campo-, que no convierten a los migrantes en trabajadores asalariados sino en rebuscadores.

Ni productores ni consumidores. El desperdicio total. Clave entender que mientras las crisis de los países capitalistas desarrollados se deben a que crean mucha riqueza, las de Colombia obedecen a que se crea muy poca, situación que de no corregirse puede hacerla inviable, aunque los pocos a los que les va bien piensen que así como a ellos le va al país.

Pero de lo anterior no puede concluirse que en Colombia solo deban prosperar las empresas monopolísticas y sobre todo las extranjeras, según predica el fanatismo neoliberal que ha llevado hasta la masacre empresarial sus políticas de falso desarrollo. No. Colombia también debe crear riqueza de otras maneras. En el campo es mucho lo que el campesinado y los indígenas aportan y pueden aportar. Y bienvenidos los negocios por cuenta propia que crean riqueza urbana, al igual que las pyme que aportan nada menos que 80% del empleo de los colombianos.

Sacar a Colombia de la trampa del atraso y la pobreza exige un acuerdo nacional que proponga una nueva política económica que incluya que su economía de mercado desarrollará en serio el agro y la industria, el empleo formal y la capacidad de compra de la ciudadanía, renegociará los TLC y no firmará otros, el sector financiero respaldará el progreso general y no solo el suyo, las tarifas de los servicios públicos no podrán ser mayores que las acordadas para generar las ganancias legalmente pactadas, la tasas de los impuestos a las empresas irán de menores a mayores según sus ganancias y habrá un Ministerio de la pequeña y mediana economía urbana y rural.