La experiencia constitucional colombiana confirma que toda presión sobre el Poder Judicial termina debilitando la separación de poderes. Respetar los derechos adquiridos y la estabilidad material de los jueces y fiscales no es un beneficio corporativo
Es hora de dejar de actuar como si el sistema funcionara y empezar a construir uno nuevo donde la dignidad humana no sea una moneda de cambio, sino el fundamento de nuestra propia fuerza