sábado, 18 de abril de 2020

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Mientras la pandemia del Covid-19 continúa extendiéndose por América y Europa, en Asia donde pegó primero y hoy se considera relativamente bajo control, se podría avecinar una segunda oleada de contagios. Cuando el número de víctimas mortales a nivel global ya supera las 130.000 y la de infectados pasa los 2 millones, el mundo entero está pendiente de los ensayos clínicos de posibles tratamientos, así como del desarrollo de vacunas que nos dejen volver a la normalidad a la que estamos acostumbrados. El problema es que esa normalidad, en opinión de muchos expertos, va a ser y va a evolucionar de manera radicalmente diferente para cada habitante del planeta.

La presión que reciben los líderes del gobierno en todos los países donde se ha logrado “aplanar la curva” y desacelerar el contagio, se concentra en definir una fecha para la reapertura de empresas y negocios, así como en cuando poner fin a las órdenes de que las personas se queden en casa para combatir la propagación de la enfermedad.

La preocupación más grande se centra en volver de manera controlada a funcionar de manera normal luego de que millones de personas han perdido sus empleos y miles de empresas se han visto obligadas a cerrar sus puertas. Desafortunadamente la decisión está lejos de ser fácil de tomar, considerando que mientras no se logre inmunizar a un alto porcentaje de la población, siempre existirá el riesgo de que el contagio vuelva a tomar fuerza.

Es por esto que los gobiernos a nivel mundial han empezado a conformar consejos asesores donde se involucra a la empresa privada y múltiples estamentos de la sociedad con el fin de acordar de manera coordinada la forma en que se comenzarán a levantar las drásticas restricciones de confinamiento y se reactivará la economía de manera gradual.

Así como durante la fase de control de la epidemia se buscaba desacelerar el contagio con el fin de balancear la oferta y la demanda de camas, respiradores y unidades de cuidados intensivos, evitando superar la capacidad de atención hospitalaria, en la fase de reapertura, donde se mantendrán las normas de distanciamiento social, la capacidad de los sistemas de transporte será un cuello de botella muy importante que las autoridades tendrán que manejar de manera precisa.

Se estima que para mantener el virus a raya y no tener la necesidad de volver a restringir la movilidad, será necesario operar los sistemas de transporte público a niveles por debajo del 40% de su capacidad nominal. De la misma manera considerando que hay poblaciones donde el contagio es mínimo o a sido controlado de manera eficaz, el control del transporte interurbano e internacional será otra pieza clave en los planes de los gobiernos.

Al igual que luego de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, se implementaron estrictos controles de seguridad en aeropuertos, estaciones de edificios de gobierno, en esta nueva realidad post Covid-19 es de esperarse que las autoridades tomen medidas en relación a los parámetros de higiene en toda la vida pública como el uso obligatorio de mascarillas y la prohibición de eventos públicos.

Estas medidas serán parte integral de la nueva realidad con la cual nos enfrentaremos en lo próximos años mientras el mundo aprende cómo vivir con este enemigo invisible que posiblemente no sea el último de su clase que experimentemos en nuestra vida.