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Analistas 07/08/2021

Vacuna obligatoria

Javier Villamizar
Managing Director

Según estudios publicados recientemente, si la propagación de la variante “delta” del Sars-Cov2 en los Estados Unidos sigue el patrón observado en el Reino Unido y los Países Bajos en las últimas semanas, se espera que los contagios pudieran incrementarse a más de 250.000 nuevos casos al día. La buena noticia es que es poco probable que Estados Unidos sufra las elevadas tasas de mortalidad observadas en India, Túnez e Indonesia porque casi un 50% de la población está totalmente vacunada. Lo que no es alentador y desafortunadamente tampoco ha calado en la mente de los ciudadanos opuestos a vacunarse es que, si el número de infecciones sigue siendo alto, el virus va a seguir evolucionando y mutando, generando variaciones de este que tienen mayores tasas de transmisibilidad o que puedan ser más letales.

Las evidencias más recientes demuestran que la variante “Delta” causa infecciones más contagiosas que el resfriado común, la gripe, la viruela, el virus del ébola y la varicela y puede ser más peligrosa que otras versiones, lo cual ha llevado a las autoridades sanitarias en varios países del mundo a considerar la posibilidad de cambiar los consejos sobre la forma en que se combate el coronavirus y la idea de volver la vacuna obligatoria.

Existen suficientes evidencias científicas que demuestran que la mejor manera de frenar la evolución de las variantes es vacunar al mayor número de personas debido a que los virus sólo sufren cambios genéticos cuando se propagan de un huésped a otro y al detener la transmisión se les niega la oportunidad de mutar.

El problema que enfrentan los países desarrollados donde sobran las vacunas, radica en su mayoría en la ignorancia de los ciudadanos y en la manipulación de la información por parte de sectores políticos e ideológicos en completa oposición a la razón científica. Los argumentos de los opositores ignoran la abrumadora evidencia sobre la efectividad y seguridad de las más de 4.000 millones de dosis aplicadas en el transcurso de 2021 a nivel global.

Que el coronavirus desarrolle variantes más mortíferas está totalmente en las manos de los ciudadanos que se oponen a vacunarse, de la misma manera que morir en un accidente automovilístico está altamente correlacionado con el uso de un cinturón de seguridad. La implementación de medidas que eviten que el virus siga evolucionando como la vacunación masiva y el uso de mascarillas debería ser visto como un complemento a docenas de reglas de convivencia que a diario respetamos ya que establecen límites a la arbitrariedad de otros comportamientos.

Considerando lo que estamos viviendo y lo que se avecina, suena ilógico pensar que, a los gobiernos, particularmente en países desarrollados, les tiemble la mano para decretar la vacunación obligatoria de sus ciudadanos como lo hicieron los países europeos en el siglo XIX tratando de frenar brotes incontrolables de viruela o como lo hacen docenas de países hoy en día que requieren la vacuna de la fiebre amarilla para permitir el ingreso dentro de sus fronteras.

Alcanzar la inmunidad colectiva sin imposiciones va a ser imposible según lo demuestra el comportamiento del virus que causa el covid-19 y cada día que pasa, los no vacunados se convierten en aliados del enemigo en una batalla de proporciones épicas. No olvidemos que como ciudadanos tenemos un deber de procurar nuestro cuidado integral de salud y el de la comunidad respondiendo a situaciones que pongan en peligro la vida y la salud de los demás.