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Por muchos años, los colegios y universidades tanto en países emergentes como en los desarrollados han buscado la manera de introducir la informática y la computación en los currículums, como una manera de preparar a los estudiantes para su encuentro con estas tecnologías en el ambiente escolar y laboral. Todavía se encuentran centros educativos donde se obliga al estudiante a “aprender” el manejo de procesadores de palabra y hojas de cálculo, con la falsa idea que esto contribuye a la formación en el aspecto tecnológico, siendo estas simplemente herramientas que en realidad aportan poco a las habilidades computacionales de una persona y que en muchos casos hacen que los jóvenes pierdan interés en las nuevas tecnologías y no estudien carreras relacionadas con ellas.
Por varios años, el gobierno de Inglaterra ha analizado este fenómeno y luego de muchos estudios y experimentos ha tomado la decisión de reestructurar el currículum escolar, para que los estudiantes aprendan los principios básicos de la programación. En los próximos años, en el Reino Unido, la informática dejará de ser una asignatura accesoria y sin valor académico para convertirse en una materia fundamental en el área de las ciencias, permitiendo que los alumnos profundicen y descubran el valor que ella tiene como soporte a diversas áreas del conocimiento. Básicamente, la informática y la computación están siendo elevadas al mismo estatus de la física, la química y la biología, haciendo que de la misma manera que los estudiantes aprenden a resolver problemas de mecánica o termodinámica o a estudiar reacciones químicas, millones de niños aprendan a programar computadores, convirtiéndolos así en creadores activos y controladores de la tecnología, en lugar de ser simplemente usuarios pasivos.
El fracaso nacional es doble. Por un lado, la pobreza extrema se mantiene y, en el mediano plazo, no baja. Y, por el otro, no se dan pasos que efectivamente permitan reducir las brechas
La etapa verdaderamente decisiva empezará cuando el Consejo de Seguridad entre en sus propias conversaciones