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El carro como un servicio

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Javier Villamizar

Es indudable que el tamaño del mercado automo- triz continúa creciendo a nivel global a medida que las economías emergentes evolucionan, la clase media se expande y empresas como Uber o Didi siguen generando disrupción en el espacio de la movilidad. Al mismo tiempo, los fabricantes tradicionales de vehículos como Ford, BMW, Volkswagen, etc., se enfrentan al bien conocido dilema del innovador que implica de alguna manera destruir el valor que se ha creado durante mucho tiempo cuando irrumpen competidores con modelos de negocio no convencionales, habitualmente, con una propuesta más simple. Es así como hoy los gigantes de Detroit, Alemania, Francia e incluso los coreanos se preguntan que camino seguir ante una nueva generación de consumidores que no aprecia el ser dueño de un vehículo, sino que mas bien prefiere pagar cada vez que usan uno.

La mayoría de los grandes fabricantes de automóviles ha empezado a experimentar desarrollando una alternativa más sim- ple que el mecanismo tradicional de producir vehículos en serie, entregárselos a concesionarios y tratar de jalar a los consumidores a comprarlos a través de complicadas estructuras financieras que generan mas utilidad que la venta del mismo vehículo. En los Estados Unidos , Volvo y BMW han comenzado a ofrecer un servicio de suscripción mensual que simplifica el acceso a vehículos en un modelo similar a Netflix o Spotify, lo cual intuitivamente debería ser música para los oídos de los “millenials” y la llamada generación Z.

Al igual que pasa en el mundo de los teléfonos móviles, los consumidores modernos están cada día menos interesados en ser propietarios de un aparato y lo que quieren es poder acceder al mismo en un modelo económico donde aunque el costo sea marginalmente mas alto, prime la flexibilidad y desaparezcan los compromisos a largo plazo. Los fabricantes tradicionales deberán enfrentarse o aliarse a los proveedores de movilidad compartida, a los gigantes tecnológicos que ingresan al espacio (Apple, Google), a nuevos jugadores con propuestas de responsabilidad con el planeta (Tesla) y docenas de nuevas empresas tecnológicas con modelos de negocios innovadores en la movilidad compartida que terminarán por transformar la industria automotriz tradicional.

El consumidor moderno no tiene una motivación para ser dueño de un automóvil y esto implicará un cambio estructural en la forma en que estos son comercializados. Al mismo tiempo, las ciudades y los gobiernos están forzando a los usuarios de vehículos a migrar a esquemas de movilidad compartida, extendiendo las zonas de no circulación en centros urbanos como ya se ve en países del norte de Europa, Singapur, etc.

En cualquier ciudad grande hoy en día tener un auto es un dolor de cabeza (estacionamiento, impuestos, leyes de contaminación) y soluciones donde el acceso a los vehículos sea “en demanda” van a ser muy atractivas. El éxito de compañías como Fair en Estados Unidos, Bipi en España y muchas otras, será ofrecer una experiencia de usuario única que esencialmente haga que el acceso a automóviles sea increíblemente fácil, donde los usuarios puedan conseguirlo dónde y cuándo lo deseen y dejarlo en cualquier parte, directamente desde su teléfono móvil. A medida que estos servicios evolucionen, la idea de estar suscrito a un servicio de renta de vehículos permitirá a los usuarios acceder a diferentes tipos de automóvil para cualquiera de sus necesidades, ya sea para un viaje familiar, para uno de negocios o para trabajar algunas horas o días en servicios como Uber.

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