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ANALISTAS 30/04/2026

Gracias a los hombres

Natalia Zuleta
Escritora y speaker
Natalia Zuleta

Esta es una columna que, a pesar de tener una dedicación específica, busca alejarse de una de las tantas discusiones públicas sobre género. Y es que definitivamente el mundo se mueve entre opuestos complementarios y, después de escribir varias reflexiones sobre el poder de lo femenino, quiero hacer un homenaje especial a tantos hombres que van por el mundo no solo inspirándonos sino también enseñándonos a ser mejores mujeres. Creo que estaba en deuda: una deuda moral para hablar de los valores que los engrandecen, una emocional para expresar esa admiración que muchas veces olvidamos y una intelectual que surge del reconocimiento de su capacidad de aprender y liderar.

También quiero cuestionar supuestos que la sociedad nos ha grabado en la piel y que nos hacen daño: que los hombres deben ser siempre fuertes, que no deben expresar sus emociones ni ser vulnerables. Tal vez no hemos hablado lo suficiente de lo valiente que es un hombre cuando decide sentir en un mundo que le enseñó a contener y muchas veces callar. Creo que, a la par con la revolución femenina, viene acompañándonos un movimiento de hombres dispuestos a explorarse, conocerse más y permitirse sentir y expresarlo sin que esto implique debilidad sino, al contrario, valentía. Y es en este camino compartido donde hemos descubierto que, así como las mujeres transitamos fases desafiantes, los hombres al unísono experimentan cambios y desequilibrios que confirman que en lo difícil también podemos encontrarnos.

Y es que a lo largo de la vida he tenido la fortuna de encontrarme con hombres que me han enseñado a ser mujer como nunca. Aquellos como mi padre, que me enseñó que el afecto y la cercanía no amenazan la masculinidad sino que la alimentan y la llenan de ternura. Estudios en neurociencia muestran que, cuando los hombres se involucran activamente en la crianza, su cerebro cambia: aumenta la actividad en áreas asociadas con empatía y cuidado, similares a las de las madres. Mi abuelo, que dejó huella con su sensibilidad y su arte, venciendo supuestos sobre la dificultad de dedicarse a las artes plásticas como herramienta de transformación social. Y, del lado de aquellos expertos, mi hijo, que todos los días me confronta bonito con sus grandes cuestionamientos existenciales que inspiran poderosas conversaciones entre los dos. Pero también ha habido hombres difíciles que, desde el dolor, se han convertido en mis grandes maestros espirituales porque, al llevarme al límite, me han llevado a descubrir mi mejor versión. Esa que se asienta en el coraje y la determinación para tomar decisiones difíciles y sanar las heridas pendientes que siempre salen a flote en las relaciones.

La energía masculina y femenina son grandes activadores de procesos creativos. Lo masculino impulsa, activa y estructura. Es aquella que siembra la semilla y da dirección a muchos emprendimientos. Históricamente, los hombres han asumido más conductas de riesgo (desde exploración hasta emprendimiento). Hoy eso se traduce en mayor propensión a iniciar empresas, pero también a fracasar más veces. Por otro lado, la energía femenina expande y hace crecer las ideas. Estos mundos juntos generan una danza que nos favorece.

Creo que las mujeres también hemos contribuido a una narrativa que polariza y deshumaniza al hombre. Y decirlo no nos resta, nos hace más conscientes. Me disculpo por eso porque parte del proceso de liberación de los géneros debe implicar una desmitificación de los arquetipos que nos debilitan. La idea de que el hombre es el que siempre debe tener la iniciativa y la mujer debe esperar que suceda. Creo que hemos evolucionado a una versión más madura y empoderada que hace que los hombres también tengan derecho a esperar muchas cosas de las mujeres. Ya no queremos entrar en la narrativa de héroes y villanos sino compartir visiones, encontrarnos y entendernos desde una visión complementaria. No puedo trabajar por el liderazgo femenino desconociendo lo que los hombres nos pueden enseñar en este terreno.

Tal vez uno de los escenarios que más me ha cuestionado y hecho crecer como líder ha sido sentarme como presidenta de una Junta Directiva mayoritariamente masculina. Ha sido un espejo incómodo y necesario: confronta mis miedos, pero también revela mi capacidad. Esa energía que me reta es la misma que expande mi pensamiento y me obliga a salir de los lugares comunes.

Gracias a los hombres que se atreven a ser más que lo que les dijeron que debían ser. A los que también han emprendido viajes internos para descubrirse y explorar su potencial emocional. Porque como decía Simone de Beauvoir “Ser hombre no es haber nacido, es una conquista diaria.” . Y vaya que conquistas han logrado. Hoy celebro cada una de ellas con ustedes.

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