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La pausa mundial

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Inés Elvira Vesga

Como si la vida me estuviera preparando para lo que se venía, en un paso por la librería encontré hace un mes un pequeño libro que no pude resistirme a comprar, se trata de La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han (Herder, 2da Edición 2019), una joya de 118 páginas que se lee de un tirón y en el que hace un mes, cuando lo leí, encontré respuesta a muchas inquietudes personales, sobre la felicidad, sobre el tiempo, en general, sobre el sentido de la vida en el mundo contemporáneo.

Llegó la cuarentena y con ella ese pequeño tesoro empezó a llamarme nuevamente a algunos de sus pasajes. Hoy quiero reproducir uno que considero se ajusta como anillo al dedo a lo que vive hoy este planeta tierra en pausa: “Necesitamos una nueva forma de vida, una nueva narrativa de la que surjan un tiempo distinto, otro tiempo vital, una forma de vida que nos redima del desenfrenado estancamiento”.

Los hombres y mujeres contemporáneos, vivimos en una desenfrenada carrera que no conduce a ninguna parte. No hay dinero suficiente ni cargo suficiente ni reconocimiento suficiente. Hay que tener más, saber más, mostrarse más, para sentirse trascendente. En términos generales, vivimos en un mundo en el que se premia el trabajo sin descanso, en el que no hay tiempo para pensar, para crear, para tomarse el tiempo de vivir con tiempo. Las empresas premian a quien no descansa, a quien vive sin horario, y tener menos tiempo que tareas es parte del Good Will del hombre contemporáneo.

Como las Naciones son el producto de los humanos que en ellas habitan, lo mismo sucede a nivel de los Estados. Este virus que nos tiene aislados y desasosegados comenzó en China que ya está en fase de recuperación y hoy tiene en Estados Unidos una cifra récord de contagios.

No deja de ser paradójico que las dos más grandes economías del mundo, los dos grandes paradigmas de sistemas políticos y económicos opuestos atraviesen por la misma tragedia, en forma simultánea. En ambos países, de forma distinta y con antecedentes opuestos, la fuerza laboral es el motor de la riqueza. Ambas economías explotan el trabajo humano como método de acumulación, en ambos sistemas, los seres humanos se pierden dentro del sistema, y qué decir de la competencia desenfrenada de egos, en la que uno y otro anuncian ser los dueños de la cura contra este mal.

Lo que hoy nos ocurre a todos, como ciudadanos de esta aldea global, ha dejado claro que esa carrera sin meta, ese trasegar interminable hacia ninguna parte no es el camino correcto. Por supuesto que la tenacidad del ser humano y la inmensa capacidad creativa de algunos hace que los avances tecnológicos en beneficio de la humanidad estén en un nivel que ni el más osado pensador hubiese podido imaginar, pero lo cierto es que hoy no está más protegido quien más tiene, ni más cerca de la salvación quien a la luz de la sociedad actual se considera más exitoso. Increíblemente, en medio de un desarrollo tecnológico sin precedentes, estamos estancados. Hoy está claro que nada es infalible, ni los hombres, ni los capitales, ni la falsa creencia de dominar el mundo.

No creo en los castigos divinos ni en las teorías de la conspiración, pero sí estoy segura de que el planeta nos puso en pausa para enfrentar al hombre y sus instituciones a grandes cuestionamientos. No hay raza superior ni credo superior ni poder más poderoso ni sistema político correcto. No hay nadie superior a nadie cuando de enfrentarse con la muerte se trata.

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