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Café, paz y prosperidad

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Guillermo Trujillo Estrada

En estas dos décadas, el precio interno promedio ha estado por debajo del actual

La realidad es diferente a lo que la Federación Nacional de Cafeteros y Dignidad Cafetera pregonan ahora, compitiendo por cuál hace la marcha más grande y así, demostrar su poder de convocatoria.

Cuando se analiza el comportamiento de la caficultura en una perspectiva de veintidós años, -equiparable a la vida útil de un árbol de café- se encuentra una realidad contundente, de crecimiento y prosperidad de los pequeños productores.

En ese periodo, los pequeños cultivadores crecieron el área en más de 120.000 hectáreas, mientras los de más de cinco hectáreas , perdieron 105.000. El área cultivada se conserva, pero han salido del negocio cerca de 10.000 productores, entre medianos y grandes.

La producción total ha aumentado gracias a la tecnificación y renovación por siembras de los pequeños productores que antes tenían un parque cafetero envejecido, beneficiarios del programa Permanencia, Sostenibilidad y Futuro – PSF.

Así mismo, recomiendo a los investigadores estudiar sobre cómo Huila, Cauca, Nariño y el sur del Tolima, crecieron más de 100.000 hectáreas, las mismas que se perdieron entre Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda, Valle, y Cundinamarca, principalmente.

Muchas conclusiones se deberían sacar desde el punto de vista agronómico, por cuanto ese cultivo -que ronda el macizo colombiano, antes inexplotado- produce un café de excelente calidad, reconocido con un mayor precio por el mercado, un estímulo adicional para crecer.

Los denominados cafés especiales, se desarrollaron en esa zona con el apoyo de empresas internacionales, que encontraron en la pobreza de esta población la oportunidad de adelantar acción social, y mostrar prácticas de comercio justo. Para fortuna del país este modelo seguirá creciendo.

Fenómeno adicional es la circunstancia de zozobra y seguridad de esa zona, escenario de la mas cruenta guerra en el mismo periodo, pero que al mismo tiempo y en medio de las balas, desarrolló una caficultura espectacular.

Se pueden aventurar las tesis de que mientras la guerrilla estaba en la parte alta de la cordillera, por encima de la cota cafetera, por debajo de la misma estaba la zona ganadera, con los grupos paramilitares. Ambas fuerzas respetaban a los pequeños cafeteros trabajando su tierra y generando un proceso de cambio.

Mientras tanto Eugenio Vélez, viaja a Kenia como delegado de los grandes cafeteros, a la reunión de países productores y afirma que, no tiene rentabilidad, a pesar de ser tecnificándose grande , y de producir el doble del promedio nacional. Ignora que una actividad intensiva en mano de obra -costo variable- no genera economías de escala, por lo tanto, entre más produce más pierde. Ese pasajito se perdió.

En análisis anteriores he propuesto que se subsidie la erradicación de café de los grandes para sustituir el cultivo, aprovechando las mejores tierras y la capacidad empresarial.

En estas dos décadas, el precio interno promedio ha estado por debajo del actual, -a precios corrientes, y a precios constantes también- la mayor parte del tiempo. Esta realidad ratifica que los buenos precios son escasos, y que los campesinos perciben un ingreso por su trabajo representado en granos de café, mientras el empresario aspira a una rentabilidad que seguramente no volverá.

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