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Analistas 11/02/2021

¿Y la conectividad?

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Desde el inicio de la pandemia y hasta hoy en día se viene hablando del plan de transformación digital, de la idea de que los ciudadanos migren hacia los servicios ciudadanos virtuales y así se mejoren los indicadores de gestión del Estado (en todas sus ramas). La primera pregunta que me surge se debe a la lógica utilizada en la generación del proyecto de digitalización.

Como muy acertadamente ejemplifica José Fernando Torres (quien para mí es uno de los profesionales mejor preparados en materia de transformación digital en el país), el primer reto al que se enfrenta cualquier disrupción tecnológica es subestimar la capacidad de esas herramientas. Eso mismo pasó con la radio y la televisión, medios en los que, en su momento, lo primero que hicieron fue, la primera, leer los diarios impresos y, la segunda, retransmitir los programas que en ese momento existían en la radio.

Lastimosamente en algunos sectores queremos simplemente virtualizar lo existente, pero no transformar y aprovechar las eficiencias que genera la tecnología para romper el paradigma de un Estado inoperante. ¿Cree usted, señor lector, que con el estado actual de la tecnología se justifica la existencia de las notarías? No. Se ha vendido como gran avance la digitalización de servicios notariales. La función principal de una notaria es la de dar fe de algo (aunque nunca esté el ciudadano ante la presencia del notario). Esta función la puede reemplazar fácilmente un código QR conectado a la base de datos de la Registraduría que autentique digitalmente al ciudadano. Seguimos la premisa de “¿por qué hacer fáciles las cosas si las podemos hacer difíciles?”.

Este es tan solo un pequeño ejemplo de cómo dejamos pasar las oportunidades por miedo a ser audaces y de seguir respondiendo correctamente las preguntas equivocadas. Esto mismo va a pasar con la justicia si seguimos por donde vamos. En este mismo diario leí la noticia de que se presentará una nueva reforma a la administración de justicia y que uno de sus ejes centrales será la transformación digital. Pese al optimismo de algunos de mis colegas (el cual no comparto), creo que la transformación digital en el país es como un caballo desbocado, miope, que galopa de noche y con una pata coja.

Es momento de detenernos a pensar en las barreras que se están generando, con la lógica actual, al acceso a la justicia. En un país con alto grado de analfabetismo digital, tan solo con el simple correo electrónico para radicar una tutela (ejemplo de la vida real) ofictutsltsbta@cendoj.ramajudicial.gov.co estamos provocando que el ciudadano cometa errores al digitar este trabalenguas electrónico. ¿Quién no se ha equivocado escribiendo la dirección de correo electrónico? Ahora imagínese un ciudadano sin formación, sin acceso a computador, sin conexión a internet y con la necesidad urgente de presentar una tutela para acceder a un medicamento. Todavía podemos corregir los errores e invertir mejor los recursos.

Pero uno de los asuntos que más me preocupan es la conectividad. En un país en el que cada municipio o ciudad maneja a su antojo la regulación de las torres de comunicación, en el que es altamente ineficiente desplegar redes y en el que la corrupción consume los procesos contractuales, ¿de qué sirve hablar de transformación digital si cerca de 70% de los ciudadanos no tiene acceso a internet? No digo que no hablemos de transformación digital: solo que no debemos dejarnos distraer por lo seductor de la conversación para olvidarnos de la importancia de la conectividad. ¡Es hora de pensar en todo!